viernes, 12 de marzo de 2010

El sonido de la madera, el viento y el espíritu de nuestro tiempo. Kitaro.

Aunque he hecho esfuerzos, en mi opinión, notables (he estado un mes entero intentado expresar correctamente como quería que fuese esta entrada) no he podido reducir a este artista a un solo trabajo de él y ponerme a explicar sus características, es tan amplio y complejo que he decidido molestarme un poco más y, aunque no disfrute tanto escribiéndola, como hago con una entrada sobre un artista único, como la de Dickie, que son más espontaneas y frescas, en cuanto a duración y enlaces, es importante hablar de ella. Por eso hoy quería hablaros algo de Kitaro.



Fotografía de Kitaro durante uno de sus vivos.

Kitaro nació en el seno de una familia de granjeros japoneses sintoístas, pero muy pronto descubrió que su vocación sería la música en vez de la guadaña, y empezaría a aprender piano, guitarra así como el conocimiento y manejo de ciertos instrumentos populares japoneses mientras todavía estaba en el colegio. Sería ya después cuando mostraría un interés casi obsesivo por los nuevos instrumentos eléctricos, tales como el sintetizador analógico, el bajo electrónico y como se manifestaban los fenómenos de luz, condensación, etc. Aunque siempre manteniendo una influencia budista, su primer interés fue la música de rock progresivo. Su humildad y la honestidad siempre le han acompañado, llegando a decir que él no era más que un “ejecutor de la bellezas naturales que le rodeaban”, de las cuales recibía órdenes e inspiración para trabajar. Su genial aparición como músico ambiental fue con el trabajo en la banda sonora de la película documental “La ruta de la seda”, donde ilustra con un sonido muy personal todo el viaje que realiza el protagonista, pasando desde China hasta la India. En cada uno de ellos, destaca las propiedades sonoras de situaciones en las que se encuentra; el rumor de los ríos, el sonido de los gansos al volar) y utilizando una delicada simetría y una superposición de sonidos muy elegante. A partir de ahí su trabajo está muy diversificado, al igual que el de Eno, pero podemos destacar temas como “Theme for Silk Road”, “Cosmic Love” o “Forest Simphony”. Es muy interesante oírlo cuando toca o el tambor o una especie de violonchelo japonés (perdonadme que ahora no recuerde el nombre), ya que consigue sonidos de esas maderas muy bellos y precisos, llenos de tonos, y con las flautas de bambú logra música que, teñida aun de ese recuerdo de los campos de arroz propios de su aldea natal, consiguen llevarlos más allá de lo establecido y obtener efectos sonoros muy potentes. Además, ese espíritu minimalistas que poseen sino todas, la gran mayoría de sus obras, es siempre de agradecer, ya que sus melodías no cansan, aunque las repitan cientos de veces, y en cada audición, uno percibe detalles hermosos que a veces pasan por completo de desapercibidos. Con Kitaro, si es verdad que existe una manifestación tangencial o sensorial del tiempo, es muy probable que lo experimentemos.




Portada de “The Silk Road”, uno de los trabajos más importantes de Kitaro dentro de la música ambiental.

Pero mención aparte merece su carácter. Al igual que Deuter, Kitaro siempre se ha reconocido por una humildad hacía el mundo que le rodea más que ejemplar, además de tener siempre claro la actualidad, muchas veces nefasta, del mundo, de la que muestra su opinión más sincera. Probablemente, esta mentalidad crítica y a la vez sensata, es la más sana a la hora de crear y vivir dentro de una sociedad que crece tanto en cantidad como en sentido ético y cuantitativo de una manera casi astronómica. Cuando Kitaro dice, dentro de las declaraciones de sus primeras obras, compuestas mientras descansaba de sus alienantes trabajos de media jornada, que sus “obras venían de una mente superior”, deja que lo que distingue a un artista o a un gran pensador, esa relación conocimiento-forma natural de ser fluyan como sus acordes, en armonía.

Podeís gozar de Kitaro y su música en:
http://www.youtube.com/watch?v=p5n57OSe8tw
http://www.youtube.com/watch?v=YxrZZ-V0LHs
http://www.youtube.com/watch?v=H2FFDDWz3R0

Pequeña marioneta (en negro) movida con cuerdas y poleas (gris).

martes, 2 de marzo de 2010

En vez de números, carne y verduras, pero el mismo espíritu. Jamie oliver

Por Alejandro Maiza Catalán

Aunque parezca una excentricidad hablar de un personaje de la televisión y de los medios de comunicación, que no tiene ninguna obra artística y no es un buen matemático; puede que ni siquiera le interesen de las matemáticas, tengo que hablar de Jamie Oliver, el cocinero y escritor inglés por dos razones: la primera es que me encanta cocinar, y en sus programas uno encuentra técnicas para elaborar complejos platos en muy poco tiempo y de una manera sencilla, la otra es que su manera de trabajar me es muy elegante y podemos aplicarla a otros campos.



Fotografía de Jamie Oliver.

Jamie Oliver posee un programa de televisión, conocido como “En casa de Jamie Oliver”, en donde cocinaba en su casa de campo y explicaba algunas propiedades de distintos tipos de plantas, carnes, pescados y especias, y como han de cocinarse cada uno, con datos precisos; muy pocas veces se le ve dudar sobre una temperatura determinada o una cantidad de sal, ya que sabe que combinación es siempre la más adecuada.







Jamie Oliver delante de los fogones (arriba) y su libro de rectas “La escuela de cocina de Jamie Oliver” (abajo); por experiencia propia, os recomendaría leerlo; se aleja mucho de un libro tradicional de recetas, como el que no falta en las cocinas de nuestras abuelas, y podemos encontrar historias, fotografías con la familia de Jamie, recetas de amigos suyos, etc.

Y es que no hay nada más cercano a los primeros intentos de química que la cocina, donde se producen reacciones y síntesis complejas cuyos resultados no solo podemos “estudiar” sino también “sentir”, por lo que resulta muy atractiva y curiosa, además de más entretenida; me acuerdo una vez que nos llevaron a mi clase y a mí a una feria científica en la Universidad de Oviedo, y un estudiante de química de al menos de tercero de grado, un poco desagradable, nos mostró cómo reaccionaba un ácido como el limón con sal y glucosa. Yo veía eso desde el punto de vista matemático, es decir: “Vale, pero por qué no escribes en un papel las ecuaciones y los operadores usados y así te ahorras el número aquí montado”. Pero no lo hizo (ese día no estaba por la labor de nada), y luego me vino a la cabeza: “Con ese limón, el azúcar y una masa, aprovechando el horno que tiene la del otro puesto, hago un bizcocho que se emplea mucho mejor los materiales, y veo como el principio de Lavoisier es aplicable según el color de la tostadura de la superficie (si los ingredientes están proporcionados, no ha de aparecer manchas de otro color sobre la tostadura. El principio de Lavoisier lo sostiene ya que dice los siguiente: “Las cantidades de productos que intervienen en una reacción ha de ser la misma y de los mismos en los resultantes. Ya sabéis un truco para saber si os habéis pasado con algún ingrediente en el bizcocho) y no hay, que además luego vas tú y lo tiras por el desagüe, indecente”. Cuando Jamie Oliver cocina, se ve el cuidado a la hora de seleccionar la cantidad de elementos y sus correctas proporciones, ya que esta en estas proporciones el ochenta por ciento de las características del estado final. Parece más que un cocinero un auténtico matemático, o un químico de verdad, de esos que ya sabiendo cómo actúan los componentes con los que trabaja, busca darles la mayor utilidad posible y el mejor uso que tienen. Y es que es ahí donde reside toda la esencia de los resultados interesantes; saber con qué que se trabaja, tener una conciencia total de los materiales y técnicas.

Pero no puedo dejaros con las ganas de verlo en acción, luego os paso lo siguiente, ya que vuestra opinión me interesa:
http://www.youtube.com/watch?v=PXyRbbqP10U
http://www.youtube.com/watch?v=5hQzg2FGpVU&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=7tdoS-91G60&feature=related

El pintor del tiempo. Roman Opalka.

Por Alejandro Maiza

A nadie se le ocurriría pegarse toda una vida contando, en forma de octetos, como pasa su vida; y a menos aún ponerse a pintar estos números, en cuadros grandes, de color blanco y en fondo negro, ya que sabe que aparte de ser una tarea engorrosa que nadie quiere, no sirve para nada. Pero a Roman Opalka, esto se le aparece como la mejor forma de pensar en una pintura interesante e inteligente.



Retrato fotográfico de Roman Opalka, realizado por él mismo tras una sesión de pintura.
Aunque no me apasiona demasiado, es cierto que fue muy novedoso con respecto a los otros pintores de conceptuales de su época. Opalka es un pintor francés de origen polaco. Empezó esta serie en el año 1965, y es conocida como”OPALKA 1965/ 1-∞”. El trabajó en esta idea cuando estaba esperando a su mujer en un café de París, y ella se retrasaba mucho. Ahí experimento como el tiempo es implacable (bueno; también hemos de señalar horas y horas de lectura sobre todo tipo de temas y autores en relación a este problema; desde Aristóteles hasta Einstein o Heidegger), y no ofrece tregua a nadie. Son obras realizadas mediante un método muy rígido: sobre un lienzo pintado de negro de aproximadamente 160 × 135 cm, los cuales se empiezan a cubrir con los números del conjunto natural comenzado por uno y que siguen el principio de inducción; como p(n=1)= 1, entonces p(n+1)=2,3, 4, 5,…, ∞. La obra terminaría como es lógico, con la muerte del autor. Después de pintar cada cifra en color blanco, el autor la grababa en una cinta magnetofónica, en su lengua materna; el polaco. Cuando Opalka llegó al número un millón, incrementó el color blanco del fondo un 1%, con lo cual, si no llegase a terminar la serie, lo cual es lo más probable, estas cifras desaparecerán, tras el número cien millones, y no se podrá distinguir las cifras.
A veces presenta estos cuadros, que denomina “detalles”, a los que sigue un intervalo numérico, que empieza por el primer número que aparece en el extremo izquierdo y lo cierra con el que finaliza ese cuadro, mas suele aparecer más los retratos fotográficos que se hace inexorablemente después de una jornada de pintura, en la que muestra como el pintor de desvanece y se corrompe según el número incrementa. Con este algoritmo de creación, Opalka quería ilustrar como la vida humana está destinada a desaparecer, pero que nosotros la consideramos siempre infinita (cuantas veces no habremos dicho: “Bah, tengo tiempo para todo”), pero que, ya sea por una causa natural propia de ella, tal como puede ser un accidente, una enfermedad, representada por el 1% de color que blanco que Opalka añadía a sus cuadros, hace que esta tenga un final casi instantáneo; puede que en el número 56748129045 o bien en el 1000000000, pero que se acabará en un punto que hasta el momento desconocemos, se vuelve una verdad casi absoluta. Y eso es lo que mantiene nuestra concentración activa al cien por cien, tanto en la obra de Opalka como en nuestra frágil existencia.







Roman Opalka durante una conferencia (arriba) y parte de su trabajo (abajo).

viernes, 26 de febrero de 2010

Un torbellino azul. “November Suite” de Robert Fripp.

Por Alejandro Maiza

En todas las entradas que hablo del trabajo de un músico, solo uno, disfruto mucho, ya que concentro mis fuerzas en hacerlo lo mejor que puedo y el resultado es siempre muy agradable, al menos para mí. Pero creo que con este voy a disfrutar el doble, ya que adoro a Robert Fripp.

November Suite o “Sound Scapes Live Green Park Station”, como pone en la cubierta del disco es uno de los numerosos trabajos de música ambiental que tiene este gran autor. Robert Fripp, guitarrista de King Crisom hará tiempo atrás, empezó a desarrollar esta faceta musical con la compañía de Bowie y Eno, como ya os mostré en una fotografía donde estaban trabajando los tres. Tiene especial importancia en el álbum “No Pussing footing”, trabajo donde solo están él y Eno, pero aun así es una auténtica maravilla. Así pues, Fripp también investigo con las formas de jazz más revolucionarias y los instrumentos electrónicos más avanzados del momento, como las guitarras de mesa o los sintetizadores.



Fripp durante una demostración de guitarra como solista en la actualidad.

El trabajo que nos atañe, del año 1996, es un ejemplo perfecto de música experimental y ambiental. Combina a la perfección melodías e instrumentos, creando veladuras musicales muy elegantes, finas y serias. Eno comparaba esta composición como un “gran torbellino azul, que te construye un pequeño palacio transparente y bello de pensar.” La composición está grabada en dos grupos distintos: la “November Suite” y la “Green Park suite”, que son combinada de manera simétrica (son 4piezas, luego 3, luego otras tres, utiliza una como punto de inflexión, y acaba con tres melodías más). En todas ellas se utiliza un módulo de sonido, que se varía aplicando más o menos instrumentos, e introduciendo ornamentos musicales muy inteligentes. Ya sabéis que hablo de las piezas como un matemático, a veces como un pintor, y la mayor parte del tiempo como un amante de la música más, que se mueve en la ignorancia, mas creo que es una obra, aparte de discreta, muy rigurosa y se aleja mucho de los conciertos a gran escala, dominados por la histeria colectiva y el ruido; en este módico vivo, Fripp quería aportar un rigor a la música contemporánea con un aire de seriedad y rigor; en muchas cartas y planteamientos de la obra aparecen estos términos muchas veces, ya que Fripp quería alcanzar un rigor con la guitarra muy semejante a la de la música clásica y la más experimental, como la de Schönberg o la de Pierre Henry, pero con los matices y herramientas del rock progresivo y la improvisación propia del cool jazz.




Portada (arriba) y contraportada de del disco (abajo) donde aparece la lista de los temas que interpretó Fripp y el orden que me llamaba la atención.

viernes, 19 de febrero de 2010

La música como construcción. Gavin Bryars.

Por Alejandro Maiza

Cuando se habla de música a veces se queda uno muy restringido con un autor y un solo estilo, pero uno, al igual que en las matemáticas, puede crear varías relaciones entre estructuras musicales distintas, como bien hizo Gavin Bryars, compositor y contrabajista inglés.



Fotografía del gran Gavin Bryars durante una actuación con su trío de jazz.

Este músico ha sabido integrar a la perfección estilos tan distintos como la música neoclásica, la ambiental, el jazz improvisado o la música experimental y minimalista. Ya sea con su grupo formado por Tony Oxley y Derek Bailey o la Porsthmounth Symphony (a la que perteneció junto a Brian Eno) o la Cockpit Ensemble, vemos que su estilo juega mucho con las

propiedades del sonido más rigurosas, como el timbre o la duración de los armónicos más pequeños en la escala tanto dodecafónico como pentatónica. En su estilo esto es esencial; encontrar todo tipo de armonía que, aunque extraña, no sea artificial y empalagosa. También es importante el uso de diferentes términos musicales y su relación, como la indeterminación o la limitación y repetición, que, al combinarlas, genera un sonido muy interesante. Esta concepción, casi pictórica, del sonido fue aprendida por maestros de la talla de John Cage o Morton Feldman y una actuación del contrabajista de improvisación Johnny Dyani, cuyo trabajo le pareció superficial y le hizo interesarse en la composición. Como buen estudiante y licenciado en Filosofía, Bryars sabía que plantearse temas de composición requeriría un conjunto musical lo suficientemente grande para hacerlo, como Kant necesitó más de un concepto que explicasen la razón humana y su funcionamiento. Así pues funda la Porsthmounth Symphony, a la cual se le unirá, durante cierto tiempo, Brian Eno, en la que tocarían temas populares de la música clásica mediante variaciones, aunque esto no le satisfizo lo suficiente. Probaría otra vez, pero esta con un grupo más reducido e interpretarían las composiciones escritas por el mismo Bryars ya maduro y curtido en el mundo de las armonías, que llevan un fuerte carácter minimalista y ambiental. Pero sobre todo tenían que ser muy intelectuales y construidas de una manera muy rigurosa. Suyos son los arreglos instrumentales de las tres variaciones del canon de Pachenbel en el disco "Discret Music" de Eno o el trabajo "A man in a room, gambling" donde las armonías se funden con la voz de Juan Muñoz recitando, en mi opinión, valiosos métodos para hacer trampas. En cuanto al jazz, como en sus trabajos de música instrumental, se aprecia su interés por todo tipo de estructuras; tanto las más primitivas como las más próximas en el tiempo. Y es que, ¿qué si no es la música, el arte en general, sino una cuestión de estructuras?

Si queréis saber más sobre este genio mirad en esta dirección:
http://www.gavinbryars.com/splash

La maravillosa sensación de no tener peso. “Apollo” de Brian Eno


 

Por Alejandro Maiza







Fotografía de Brian Eno durante la grabación de Apollo.



Muchos trabajos de Brian Eno merecen la pena de ser escuchados. "Discret music", "Another green World", etc. pero este es más que llamativo, ya que es toda una innovación en la música popular y culta. Compuesto por Brian Eno a finales de los años ochenta, el disco tenía como fin recrear las sensaciones que Brian vivió junto a su hermano el verano del año 1969. Ambos muy jóvenes, vivieron con suma expectación el lanzamiento del Apollo XIII, así como el descubrimiento de la música country en un programa casi clandestino de música, a la cual Brian añadiría que es la música que, al escucharla "uno se siente ligero, como si el efecto de la gravedad desapareciese con ella". En compañía con su hermano Roger, excelente pianista y pionero e n la creación de la música ambiental usando sistemas científicos, ambos hermanos se plantearon los temas iníciales del disco y empezaron a experimentar con teclados y sintetizadores nuevos, ya que las pistas requerían de un uso especial del sonido del piano. Tenía que ser limpio y claro, y su uso debía de ser muy "rígido" en cuanto a la duración.





El pianista y compositor Roger Eno, hermano de Brian Eno; él también fue un pionero en la música ambiental, así como de otros estilos.

Pero había ya un ligero inconveniente, y era saber quién iba a tocar la guitarra horizontal o "slide". Brian estaba dispuesto, pero en ese momento recurrieron a un grande de la música de guitarra; el guitarrista y compositor canadiense Daniel Lanois. Su estilo limpio y depurado le ha permitido colaborar en proyectos con gente como U2, Peter Gabriel o Bob Dylan. Ambos hermanos quedaron impresionados por la limpieza de Lanois, así como su virtuosismo para la guitarra slide, en la cual realizó ciertos cambios en su estructura y ejecución según iba progresando el disco. También Lanois dejó su sello en temas como "Stars", que Brian incluyo en la estructura principal del disco.



 

Fotografía de Daniel Lanois (arriba) y la carátula de "Apollo" (abajo).El resultado final es asombroso. De verdad el sonido de sus composiciones, de auténtico corte más minimalista que country, consigue llevarte a un estado donde el peso de la gravedad es incluso nulo, consiguiendo un equilibrio. Fascinante es la calidad del sonido. Los experimentos en los teclados Yamaha y en los pianos de cola con cuerda de nylon o metal, aportan un sonido muy fresco a la música. Ya he hablado que hay composiciones que, rompiendo con la bidimensionalidad que se asocia a la música tradicionalmente a veces la rompe para llegar a un auténtico efecto atmosférico. Y este es bellísimo. En esta obra, Brian, Roger y Daniel lo consiguen. Además de que resulta siempre muy agradable de oír y es muy innovador. La NASA, que permitió a ambos hermanos ver sus instalaciones como curiosidad y necesidad de inspiración, utiliza este trabajo tanto para acompañar sus documentales como música de fondo para los científicos que trabajan tanto en las naves espaciales como en las oficinas de control para que se relajen y se concentren en sus obras. Una auténtica obra polivalente.

Podreís ver ejemplos de esta composición si miráis en YouTube:


http://www.youtube.com/watch?v=lOgQyIMX_XU
http://www.youtube.com/watch?v=Q1nEEwuTL0U

viernes, 12 de febrero de 2010

Una fotografía que te haga pensar en la belleza. Walter Peterhans.

Cuando hemos hablado de la Bauhaus, a veces no saltamos a autores que tienen un trabajo muy interesante, pero de los que apena hay información. No obstante, suele ser en estos autores “menores” donde uno encuentra cosas geniales. Este es el caso
de Walter Peterhans.

Nacido en 1897 en Alemania, estudio fotografía por la Academia Estatal para la Industria del Libro y las Artes Gráficas de Leipzig en 1926, después de cursar Matemáticas y Filosofía. Entre sus intereses siempre estaba la geometría y la experimentación formal. Su filosofía, muy marcada por tres autores concretos que son Pitágoras, Kant y Platón, sostenía que la belleza existía independientemente de la
razón humana, y que esta era interpretada por nosotros como arte.




Fotografía de Walter Peterhans como profesor de la Bauhaus en Dessau, bajo la dirección de Hannes Meyer. Peterhans estuvo bajo la dirección de Meyer y, posteriormente, la de Mies Van Der Rohen, tanto en Alemania como en los Estados Unidos de América.

Es más que destacable su particular visión sobre los objetos, con la cual siempre explotaba las capacidades físicas y espaciales de los objetos. Esto le permitió dar una serie de cursos de entrenamiento visual para los estudiantes de arquitectura del Instituto Tecnológico de Illinois, en Chicago, donde además dio clase Mies Van Der Rohen, así como varios profesores exiliados de la Bauhaus tales como el fantástico Moholy Nagy, durante un tiempo Joseph Albers, etc.

Su trabajo fotográfico se caracteriza por la frecuencia de naturalezas muertas y el uso de placas de gelatina de plata, con el cual conseguía efectos de luz muy precisos, al igual que Moholy Nagy, reforzando como la geometría y la composición eran los principales generadores de belleza, y no los detalles superfluos y un poco aleatorios; las fotos no se esforzaban en captar hasta el último detalle de un objeto concreto para que no hubiese confusión alguna en su reconocimiento; es más, a veces las composiciones estaban desenfocadas, y solo se centraban en los campos blancos, negros y grises que generan los cuerpos al ser iluminados con distintas fuentes de luz. Los objetos no cobran una importancia relevante; solo han de tener simetrías muy marcadas o características. Así pues, no es extraño ver una piel de conejo, un huevo o un panel de madera en sus fotografías y nada más.





Obras de Peterhans. Las naturalezas muertas de objetos de marcada simetría y los efectos de luz son las principales características de su trabajo.