
Fotografía de Kitaro durante uno de sus vivos.
Kitaro nació en el seno de una familia de granjeros japoneses sintoístas, pero muy pronto descubrió que su vocación sería la música en vez de la guadaña, y empezaría a aprender piano, guitarra así como el conocimiento y manejo de ciertos instrumentos populares japoneses mientras todavía estaba en el colegio. Sería ya después cuando mostraría un interés casi obsesivo por los nuevos instrumentos eléctricos, tales como el sintetizador analógico, el bajo electrónico y como se manifestaban los fenómenos de luz, condensación, etc. Aunque siempre manteniendo una influencia budista, su primer interés fue la música de rock progresivo. Su humildad y la honestidad siempre le han acompañado, llegando a decir que él no era más que un “ejecutor de la bellezas naturales que le rodeaban”, de las cuales recibía órdenes e inspiración para trabajar. Su genial aparición como músico ambiental fue con el trabajo en la banda sonora de la película documental “La ruta de la seda”, donde ilustra con un sonido muy personal todo el viaje que realiza el protagonista, pasando desde China hasta la India. En cada uno de ellos, destaca las propiedades sonoras de situaciones en las que se encuentra; el rumor de los ríos, el sonido de los gansos al volar) y utilizando una delicada simetría y una superposición de sonidos muy elegante. A partir de ahí su trabajo está muy diversificado, al igual que el de Eno, pero podemos destacar temas como “Theme for Silk Road”, “Cosmic Love” o “Forest Simphony”. Es muy interesante oírlo cuando toca o el tambor o una especie de violonchelo japonés (perdonadme que ahora no recuerde el nombre), ya que consigue sonidos de esas maderas muy bellos y precisos, llenos de tonos, y con las flautas de bambú logra música que, teñida aun de ese recuerdo de los campos de arroz propios de su aldea natal, consiguen llevarlos más allá de lo establecido y obtener efectos sonoros muy potentes. Además, ese espíritu minimalistas que poseen sino todas, la gran mayoría de sus obras, es siempre de agradecer, ya que sus melodías no cansan, aunque las repitan cientos de veces, y en cada audición, uno percibe detalles hermosos que a veces pasan por completo de desapercibidos. Con Kitaro, si es verdad que existe una manifestación tangencial o sensorial del tiempo, es muy probable que lo experimentemos.

Portada de “The Silk Road”, uno de los trabajos más importantes de Kitaro dentro de la música ambiental.
Pero mención aparte merece su carácter. Al igual que Deuter, Kitaro siempre se ha reconocido por una humildad hacía el mundo que le rodea más que ejemplar, además de tener siempre claro la actualidad, muchas veces nefasta, del mundo, de la que muestra su opinión más sincera. Probablemente, esta mentalidad crítica y a la vez sensata, es la más sana a la hora de crear y vivir dentro de una sociedad que crece tanto en cantidad como en sentido ético y cuantitativo de una manera casi astronómica. Cuando Kitaro dice, dentro de las declaraciones de sus primeras obras, compuestas mientras descansaba de sus alienantes trabajos de media jornada, que sus “obras venían de una mente superior”, deja que lo que distingue a un artista o a un gran pensador, esa relación conocimiento-forma natural de ser fluyan como sus acordes, en armonía.
Podeís gozar de Kitaro y su música en:
http://www.youtube.com/watch?v=p5n57OSe8tw
http://www.youtube.com/watch?v=YxrZZ-V0LHs
http://www.youtube.com/watch?v=H2FFDDWz3R0
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