martes, 21 de julio de 2009

Crítica a las concepciones de orden y belleza convencionales dentro del campo artístico.

Cada día, en un manual de arte o de diseño y en otros medios de comunicación, aparecen siempre los términos orden y belleza; a veces su uso se vuelve injustificado e inútil, pues apenas existe una concepción general de estos.
Por ejemplo, el orden; existen tantas clases de orden que el término resulta flojo e insípido; el orden social, el geométrico, el preestablecido, etc. mas si habría que obtener una idea de “orden”, un concepto que englobe a todos los anteriores, sería aquello en lo que existe una predeterminación, la cual puede ser obtenido mediante un razonamiento lógico: Así pues, a partir de esto, podríamos decir que existe orden en las matemáticas, en la física y en el arte islámico y en el de Escher, pero no más allá, pues estos se sostentan en argumentos lógicos, que rara vez, aunque con una frecuencia nada extraña, sino más bien abundante sobre todo a partir de mediados del siglo XX, en las que destacaron grandes mentes como la de Kurt Gödel o la de Albert Einstein, y aun así estos planteamientos no destruyen las teorías anteriores, sino que tiende a mejorar la disciplina. Volviendo a lo que aquí nos atañe, generalmente, dentro de las clásicas concepciones artísticas relistas, que aun hoy se siguen desarrollando en ciertas escuelas y academias de arte, el orden artístico o existe, considerando el ejercicio artístico como un correspondiente y acertado reflejo representativo del flujo de impresiones que un artista pueda llegar a tener en un determinado momento y estas sean muy dificiles de regular y únicas, o bien si existe este está restringida al desarrollo realista de un trabajo, es decir naturalismo en la imagen (representaciones en tres dimensiones, con perspectiva atmosférica, cónica, distribución regular de los colores en la superficie pictórica, de valores tonales según el modelo, etc.). No obstante ninguno de los artistas tienen en cuentan que las distribuciones y órdenes matemáticas, además de ser muy flexibles y extender su estudio tanto a cuerpos tridimensionales como de n dimensiones, nos permiten una compresión casí inmediata, como por ejemplo en las tablas de Euler, sobre los poliedros regulares y sus relaciones entre su número de caras, vértices y aristas; estos creadores no son capaces de aprovechar estos bellos y fantásticos conocimientos en su favor y luego promueven que estos no son necesarios para nada en la expresión pictórica y estos gamberros llegan incluso a instruir a otros dentro de esta dinámica y la educación artística llega a convertirse en todo menos en educación, por no decir que los que salen de allí a veces no consiguen ser buenos artistas, pues les faltan elementos que permitan mejorar su trabajo. Es muy difícil describir cual es el orden del que nos atañe, pero podríamos tratar de explicarlo con la analogía de las bibliotecas. Imaginemos una biblioteca tradicional, llena de libros, y son clasificados según la temática del texto, después se subdividen en otras más de manera indefinida, por ejemplo dentro de la categoría de Arte, se dividirían en otras que pueden llamarse Historia del Arte, manuales de dibujo, manuales de serigrafía, Técnicas fotográficas, etc. Y dentro de la primera se subdivida en otras llamadas, arte griego, catedrales medievales y pintura de Cezanne, por ejemplo. Haciendo otro esfuerzo de imaginación podemos visualizar otra formada por muebles de distinto tamaño, lo cual ya rompe un poco el esquema tradicional de lo que entendemos por biblioteca, y en la que los libros se clasificasen según su utilidad, y que los libros que más usamos se encuentren en las primeras baldas y el resto ocupan las inferiores. Así pues, en una misma estantería podemos encontrar un libro sobre las pinturas de Cezanne con otro inmediatamente cerca de Kandinsky justamente al lado de unos recortes de una revista de arte de unas pinturas (puede que las mejores de toda su carrera) de los “bañistas” de Picasso, que se encuentra debajo de una entrevista a Richard Serra preguntado sobre su trabajo más reciente y todos ellos aplastados sin piedad por un libro sobre geometrías no euclidianas y en especial las de Cayle y Klein, que son rodeados por discos de Mozart y Bob Dylan y por unas maquetas de cartón. La primera presenta un orden que, a pesar de ser ligeramente más práctico que el primero, muchas veces se vuelve pedante y hasta estúpido, pues los criterios de clasificación pueden ser muy subjetivos y dependen del encargado que reinen con rigor la biblioteca en ese momento, lo cual a veces hace perder su funcionalidad. El otro (inspirado por mi propia biblioteca un día en el que está ordenada), aunque se basé en criterios que también puede ser subjetivo, pues no hay nadie cuyos intereses coincidan totalmente con los de otras personas, su orden es más lógico que el primero pues el criterio utilizado, la funcionalidad, permite discernir y crear patrones que la otra manera no puede. La matemática tuvo revoltosos de bibliotecas que gracias a su capacidad de juntar, fusionar y estudiar conjuntamente dos temas distintos, por ejemplo geometría lineal con análisis, las matemáticas han llegado a ocupar hoy el lugar que se merecen, El de arte de las artes y ciencia de las ciencias. Esto fueron Fermat, Euler, Poincaré y otros genios de su mismo nivel. La capacidad de las matemáticas de crear herramientas para comprender el “orden del caos”, los principios ocultos detrás de las cosas, lo hace poseedor de la capacidad de acuñar un nuevo significado de orden y puede ser todo aquello que puede ser explicado con criterios totalmente racionales, en este caso, la frecuencia de su uso.
Claro, esto aplicado al arte dio mucho que pensar y reflexionar; si este orden existe y puede ser entendido de una manera mucho más clara que el entender que una pintura ordenada es aquella en la que todos sus elementos se correspondan en color y forma con la realidad, ¿Por qué seguimos el segundo y no podemos regular nuestras composiciones en función de una red de cuadriláteros coloreados de con tres colores que consigan dar a la composición profundidad y movimiento siguiendo principios como los efectos del degradé proporcional del tono según la frecuencia de la onda del color utilizado y la hipótesis de los espacios continuos, tal como hizo Paul Klee en sus obras de la Bauhaus?. Aquí entran muchos artistas, que inspirados por la labor de los anteriores enredadores bibliotecarios matemáticos, que aun seguían su labor con resultados cada vez mejores. Kandinsky, Delauny, Calder, Van Doesburg, Mondrian, etc. Pero para mí el mérito de verdad lo tiene Escher y los minimalistas tales como Hesse, Judd, Lewitt, llegando a basar su trabajo en las puras y duras matemáticas y, en el caso de Escher, por otras ciencias como la óptica, la biología, La geología y la psicología , pues a diferencia de los anteriores, que entendían la creación artística como algo bastante distante de las ciencias, estos creían que su trabajo tenía la misma importancia que la creación. Si ya hubo desorden en la gran biblioteca, con estos no quedo un solo estante sin un tomo que el bibliotecario no hubiesen puestos; arte con matemáticas, con la física y en el estante del arte maravillosos invasores provenientes de la psicología, la filosofía y la cosmología que hizo que se vaciara de estúpidos miedos y enigmas para dejar un medio perfecto par experimentar y esto haría que grandes artistas como Klee fuesen de una vez entendidos y admirados no solo por otros artistas sino también por científicos y muchas otros sujetos de distintos intereses.

Por otra parte, aunque no dependiente de lo anterior, esta a tratar el concepto de “belleza” dentro de la concepción artística. A mi parecer, lo que conocemos como belleza es una serie de definiciones que, como la de orden, difieren entre sí y se decidió optar por la más fácil de todas, que no siempre se adapta a la realidad, llegando incluso a perjudicar. Tenemos distintos tipos de belleza: la natural, la artificial, la efímera, mas lo que entendemos como belleza en sí, es provenientes de los griegos, en especial a las concepciones místico-geométricas de Platón en su texto Timeo, en la que llego a decir que el cuerpo más perfecto era la esfuerzo por poseer todos sus puntos formantes equidistantes al centro; así pues se hace sinónimos “perfección” y “regularidad” y esto se refleja en la arquitectura, en la escultura o en la poesía. No obstante, la regularidad siempre, o al menos, en las mayorías de los casos se asocia a un orden, generalmente de aquellos de la primera biblioteca que tan a gusto critique al principio cuyos textos están ordenados según principios sujetivos del odioso bibliotecario incapaces de obtener a partir de ellos explicaciones del patrón su propio orden. Siempre se atribuyo la belleza a la armonía del cuadro con la realidad, ese orden realista, y que estuviese próximo a la belleza que consideramos natural de un rostro, de un paisaje, etc y que el pintor, además de “seudo captarla”, consiga extraer su esencia. No obstante, es justamente aquí, pilar de la educación artística, donde se crea una contradicción tremenda: muchos de los cánones realistas son en realidad artificiales, proveniente de las matemáticas, en la cual relaciones entre segmentos son regulares (el canon de las ocho cabezas griegas, la proporción áurea en los hombros y la cabeza, los diecinueve puños egipcios y el color de piel de distinto color en seres más o menos importantes en las tallas policromadas del sureste asiático y en la India, etc.) y lo que se hace aquí es interpretar la realidad y no representarla “correctamente” sino de una manera siempre idealista, aunque sea de diferente medida, una continua alegoría. Así pues, si existe un nuevo orden, que desprecia todas las armonías y cánones anteriores y es capaz de explicar sus principios, que en este caso son las matemáticas y otras disciplinas científicas, en su estado más puro y sin verse sometidas a las representativas realistas imágenes convencionales, o bien consigan hallar un orden, totalmente nuevo según el empleo de significados o que emplee de manera correcta las formas propuestas por la realidad cotidiana y llevar al espectador a otras dimensiones que no se esperaba, tal como hicieron en la pintura Magritte, para mí el único surrealista digno de recordar, en sus cuadros empleando imágenes aparentes irracionales mas con un significado ontológico interesante y muy posible desde un punto de vista lógico y asociativo, y M.C. Escher con sus maravillosos e inteligentes grabados, o bien Bob Dylan con sus letras, ya que pone patas arriba todo aquello que en sus años se consideraba el sumun de lo lógico, tal como la justicia, lo eterno, etc.

Así pues, llegados hasta este puntos, donde vemos la relatividad de estos conceptos, que día a día aumenta con la educación tradicional artística, hemos de preguntarnos done esta la belleza de una obra maestra. La respuesta es muy sencilla: que una obra sea más o menos bella, se encuentra no en los colores o las formas que tengan, ni en el tamaño final de la obra: se encuentra en el “rigor” con el que el artista ordena sus principios de creación, o en argot familiar e inexacto, sus ideas. Así pues, un Mondrían, un Escher o un Leyton (del artista norteamericano Michael Leyton) es tan respetable como un Da Vinci, un Fra Angélico o un Velásquez , e incluso llegan a ser mucho más bellos que estos, pues ellos estructuran sus ideas según los principios más serios del mundo, los de las ciencias; por no hablar de Kandinsky, donde el empleo de la mente y de la racionalización de sus impresiones con exactos modelos pictóricos y abstractos. Y, al igual que la música de Bach es a veces milagrosa por su uso de la simetrías musicales, la de Peter Gabriel llega a ser muy interesante por su uso modular del sonido y la variación formal a la que se ve sometida, manteniendo la armonía y belleza en todo momento. Lo mismo experimentamos al leer un poema de Garcilaso de La Vega y uno de Larrea; el primero, aunque uso el lenguaje de una manera muy elegante, las estructuras visuales del segundo y su empleo del lenguaje aportan un frescor a la composición y al entendimiento del poema. Así pues nos encontramos que todos los supuestos expertos en arte, que si os fijáis el 99,99999 (periódico puro, para resumir) % de ellos no hace más que adular y cantar falsas cántigas a artistas siempre anteriores y ,lo más importante, que empleaban el lenguaje realista siempre con fines represivos y asfixiantes para que los poderosos del momento impusiesen siempre su presencia, a los que critican y crean hoy y lo harán mañana.
Así pues, el arte moderno y contemporáneo, aunque muchas veces se intenta tapar con repudios y el grito de citas sin sentido y descontextualizadas, logro algo que un ejercito de Miguel Ángeles jamás podrían haber hecho: hacer pensar e incluso participar al espectador dentro de la obra de arte, lo cual lo aleja de únicamente deslumbrarlo y a hacerle buscar nuevos ordenes, nuevos cánones de bellezas que no cayesen en vano,

4 comentarios:

ABEL dijo...

Felicidades por tu Blog Alejandro. Esta entrada es excelente y me da bases para algunas entradas de mi Blog que he estado pensando sobre escultura , con artistas como los que mencionas, Brancusi,Calder,Judd,Le witt,Tatlin, Malevich. Deseo empezar por Hans Arp y tus enlaces me ayudarán mucho.Cuando Robert Morris dice que "La simplicidad de la forma no significa la simplicidad de la experiencia," me lleva enseguida a la Música de Van Morrison y a tus comentarios.
Un abrazo desde México.
Abel

Alejandro Maiza Catalán dijo...

Gracias a ti, Abel, y no solo por tus comentarios, sino también por seguir este blog, lo cual da bastantes ánimos. Me encantaría ver tus entradas se ven fantasticas, y coincidimos en los artistas que más nos gustan.

ABEL dijo...

Gracias a ti Alejandro. Para mi es un privilegio poder ser tu seguidor y que bueno que eso te produce ánimos,porque a tus seguidores como yo,tus opiniones nos dan mucha claridad sobre el arte, y la belleza de las matemáticas. Cuando estudié Cine, la maestra de Estética me habló de Ernesto Sábato y lo importante que era leerlo como arte. Yo le mencioné que las Ecuaciones de Maxwell no tenían igual en el arte, y nunca lo entendió. Ahora tu Blog me retorna a lo esencial del arte. Gracias.Este jueves 13 de agosto,publico la entrada de escultura minimalista, pero lo hago con Brancusi.Mucho de los textos o referencias, se deben a ti y tus comentarios.
Un abrazo desde México.
Abel

Alejandro Maiza Catalán dijo...

Vuelvo a decir lo mismo, gracias. Me encantaría ver tus textos, aunque me no lo podré hacer esta semana. Por otra parte, me encantá que digas que las ecuaciones de Maxwell sean una obra de arte, ya que lo son, por muchas vueltas que se le de.