jueves, 9 de julio de 2009

El binomio de Paúl Klee: el arte como medio de visibilidad y la belleza desde el número.

La obra del pintor Paul Klee, no es solo excepcional en variedad, temática y color, sino que también trata temas aquí expuestas; con sus cuadros de franjas multicolores de los años de la Bauhaus trata de explorar los límites del lenguaje bidimensional de la pintura y conseguir una nueva armonía, que no estaba presente en los cánones más tradicionales (quien no halla estado meditando delante de su acuarela “Crecimiento en cristal”, buscando la manera que le llevo a recurrir a la cristalografía con el fin de utilizar los colores azules, grises y blancos, puede decir que ha hecho bien poco en su vida). No obstante, Klee fue un magnífico teórico y profesor artístico, que, al igual que Kandinsky, reflexionó profundamente sobre la pintura. De lectura obligatoria son sus “Esbozos pedagógicos”, así como”Del arte moderno”, donde expone que el trabajo del artista no se reduce solo a “inspiraciones” e “intuiciones”, sino que también es necesario una reflexión lógica, la cual será la que cierre o abra correctamente nuestros ejercicios artísticos. Al finalizar introduce el famoso argumento de “La verdadera belleza reside en el número; por lo que debemos partir desde el número”.
Mas los logros de Klee no terminan aquí; también dijo que “El arte no reproduce lo visible, sino que hace visible lo invisible”; sentencia que refleja de una manera exacta de relojería, lo que es el arte abstracto y cual es su finalidad, dando igual que disciplina y estilo se haya escogido. La capacidad de abstracción que posee el arte escapa de limitarlo a la simple representación, algo emotiva y nostálgica, de la realidad, sin poder explotar al máximo su capacidad de investigación y como catalizador de impresiones y sentimientos muchísimo más profundos que lo que representan todas las pinturas de la “vieja escuela”.
Lejos pretendo de excluir a Paúl Klee, como uno de los que inspiraron mi labor, pues aunque no tenga un estilo geométricamente depurado y no siguiese un rigor como el de Kandinsky en el estudio de la interacción ciencias-arte, (la suya, atención, tampoco fue despreciable; es más, fue muy fructífera e incluso algo más interesante, pero no tiene ni el rigor ni la elegancia formal de la del pintor ruso) pues Klee creo un terreno artístico ajeno de miedos, dudas y discordias; muy propicio para el arte, y además nos enseñó a mirar con una curiosidad y nos enseño a buscarnos una capacidad para ver el mundo y entenderlo tan interesante y útil que pasará para la eternidad. Al igual que Newton a la hora de formular su binomio, Klee también creo el suyo para ayudarnos a entender de forma bella y racional otra ciencia, el arte. Creo su propio binomio, del cual le estaremos todos eternamente agradecidos, tanto como a Newton.