lunes, 3 de agosto de 2009

Las herramientas del cerebro para el arte: los sentidos.

Cuando me he referido a las demás concepciones artísticas generalmente no abstractas geométricas, generalmente las he criticado de que su creación dependía mucho de las sensaciones que el artista recibe del mundo exterior y que apenas puede reflexionar sobre ellas; no obstante, en ningún momento quise excluir a estos del trabajo artístico, por dos razones: intentar pintar un cuadro sin una vista adecuada a la perspectiva, componer música sin un oído que no hace diferencias entre distintos tonos, es totalmente imposible, por muy buenas ideas que nuestra mente llegue a elaborar; es decir, son el principal instrumento de creación que existe por el momento, y también porque estos son la única manera que tiene el ser en recibir las primeras impresiones del mundo exterior necesarias para construir sus pensamientos; alguien alejado del conocimiento de los poliedros no podrá luego especializarse en ellos simplemente reconociendo los ángulos diédricos propios de cada uno de ellos, hace falta siempre un contacto sino directo al menos visual de ellos, ya sea en un dibujo o una construcción virtual hecha con un programa informático.

No obstante, hay variedad de estilos artísticos que depende de una manera casi parasitaria de la información aportado por estos sin tener en cuenta otros aspectos que podrían trabajar. Y no toda la información recibida por estos es siempre clara y verdadera y si estas buscando ser sincero con tu trabajo, no puedes emplear estos engaños y además transmitírselos a alguien. Esa maldad la ha llevado, y aun sigue cargando con ella, el arte naturalista.

Así pues, estamos ante grandes preguntas: ¿Cómo podemos usar correctamente los sentidos en el arte experimental? ¿Podría ser igual que en otros estilos? ¿La abstracción exige tener un oído, vista o gusto especial? Responder a todo esto es muy difícil, puesto que cada persona tiene sus sentidos digamos “afinados” de una manera distinta; es decir, aunque tengamos cinco, no los usamos o no podemos usarlos de la misma manera que otra persona (pensemos en nuestra vista, hay personas daltónicas y otras miopes, cada uno dará una descripción distinta de un objeto si no llevan un objeto o poseen una información que les permitan corregir sus defectos). Esta variedad de percepciones nos podrían crear confusiones, en especial en el entendimiento del trabajo, y crearíamos más confusión en el espectador y puede que en nosotros mismos. El uso de los no-colores, la preferencia de trabajar con perspectivas axonométricas y usar distintos elementos perimetrales en las composiciones ayuda mucho. Las formas matemáticas y sus principios son lo mejor para estructurar un experimento. No obstante, desde el plano de vista del artista, la elección de estas formas y la elaboración de la obra dependen de algo más que de una elección de su espíritu interpretado por el ejercicio del arte en cubos, cuadrados o triángulos. Las elegimos para que el experimento consiga expresar lo que necesita.
Para resumir, el artista experimental necesita que sus sentidos no solo reciban información, sino que la usen bien. En este punto, su manejo se parecerá mucho al que se encuentra en una situación extrema de supervivencia, los sentidos tienen que recibir y hacer con rapidez lo que el cerebro ordena para conseguir salir del mal trago en el que se encuentra.