jueves, 27 de agosto de 2009

Recordando a Calder

Las noches de verano son muchas veces inolvidables, en especial en las que estas con un libro y un poco de música. El día anterior estuve despierto hasta la madrugada, pues quería ver a Magdeleine Peiroux en la televisión, pues había un concierto de ella en el 33º Festival de Victoria. Mientras esperaba me puse a leer un libro de Alexander Calder, de la editorial Taschen, el cual me gustaría recomendar para leer. Me lo compré por las mismas fechas hace un año y, a pesar de que tenga no más de 93 páginas, lo sigo disfrutando. Es uno de los muchos libros que tengo de esta editorial que me gusta, pues se centra en la obra del autor y no en su, fascinante, mas no interesante en la investigación artística propiamente dicho, vida. Es sorprendente que Calder, con toda su habilidad para trabajar en cualquier órbita artística que se propusiera: Surrealismo, abstracción geométrica, Op Art. No permitiese nunca ser clasificado bajo ninguna etiqueta y en toda su carrera, podamos descubrir obras que rompen con lo que estaba hecho y lo que aun no había acabado de trabajar. Mejor ejemplo que las obras de sus últimos años no veo mejor ejemplo: a la vez, trabaja en una serie de móviles que nada envidian a sus primeras obras móviles como el “Circo” o “La bicicleta”, hacía “estables”, maquetas de grandes dimensiones con elementos bidimensionales fusionados de manera tangencial o secante, y realizó numerosas aguadas de colores muy intensos, sin apenas mezclas, de temática y estilo humorístico.
También llama la atención los conocimientos del artista y de donde sacaba su inspiración. Calder se forma como ingeniero, de hay su facilidad para entender y explicar el movimiento con pocos trazos y figuras geométricas, además de su facilidad para crear composiciones móviles equilibradas, resistentes y de dimensiones muy escasas. Los movimientos que realizan las piezas, ya sea con motores eléctricos o bien utilizando las fuerzas de la naturaleza como pueden ser la del agua, el viento o la gravedad, y los ritmos, muy parecidos a los del jazz, muy variados y distintos, además de aparentar cierta sencillez que se transforma a posteriori en complejidad estructural, a los que llega conseguir demuestran que su control sobre la masa y la velocidad solo pueden ser científicos, y no meramente plásticos.



“Homenaje a Calder”. Lego. Medidas: x x x . En esta escultura se muestra el trabajo del que se habla. Una serie de heissemberianos se colocan siguiendo ritmos cada vez más complejos. Pasando primero de simetrías opuestas a giros de elementos modulares, la obra adquiere movimiento sin apenas un uso excesivo de los recursos estilísticos. El color rojo es un homenaje al ser el color favorito de Calder, quien dijo en una vez, que le gustaba tanto el color rojo “que con gusto lo pintaría todo de ese color”.

Por otra parte, en una entrevista que le fue realizada a mediados de su carrera, Calder confesó que su inspiración “fue siempre el Cosmos; me parece lo bastante grande como para serlo.” Cuando hace referencia al “Cosmos”, el artista americano quiere señalar un mundo no, un universo, regido todo el por un orden que sea explicable y comprensible para todos, aunque ello signifique esforzarse en entender los principios de la mecánica cuántica o la tercera ley de Kepler justificada por Newton, y esto se ve en el trabajo de el constantemente, en especial en sus móviles: las formas que ellos ofrecen no es capricho del autor, sino son necesarias para que exista un equilibrio de fuerzas en la pieza, y no presente problemas que puedan alterar su naturaleza, en este caso, cambiante, o bien en la temática: en sus trabajos se ve una tendencia por la abstracción de la realidad hasta el punto de, sino acabar con ella, al menos desprender al ser humano de un puesto privilegiado en su repertorio de formas y otorgárselo a elementos geométricos y biomórficas y estructuras semejantes a la anatomía de animales como las vacas, las cabras, los toros o los búfalos, ya que mostraba por los animales no solo un amor especial, sino también un interés por ellos casi biológico, en movimiento y relación. Esto no es solo fascinante por su rareza y novedad (ha habido artistas como Meheut, Escher, Da Vinci o Calatrava, que se han servido de la anatomía animal para crear sus edificios, realizar sus dibujos o simplemente para estudiarlos.), llama la atención que su proceso de abstracción se derive de ahí. Aun en trabajos ya tardíos se muestra una referencia natural, generalmente, anatómicos, de estudios naturales. Personalmente, creo que desde un punto de vista empírico se ve mucho mejor este paso en la abstracción que en Moore o Kandinsky, e incluso se nos da la posibilidad de crear nosotros mismos nuestros métodos de abstracción, ya que Calder es un maestro en los temas de selección de elementos importantes en una composición y en la reducción de y en elementos formales de una obra.

Este artista es una continua fuente de descubrimientos y elementos plásticos nuevos, de los cuales no se puede pasar por desapercibido en el arte experimental y nos permiten solucionar problemas muy complejos en cuanto a la conjunción de Espacio con Tiempo, la Forma con el Tiempo y con el Color y el Espacio con el Color. Sería genial que el mundo académico no se torné sobre su eje de simetría principal y sea capaz de valorar con la precisión con la que se merece a este genial artista, rompedor de todos los cánones expuestos por la tradición como los únicos existentes y verdaderos, y como Einstein, se enorgulleció de haber encontrado respuestas insospechadas a las que solo se pueden llegar empleando la mente y mirando con ironía la vida, mas sin despreciar la armonía silenciosa que reina en su interior.

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