miércoles, 16 de septiembre de 2009

El dibujo de Hokusai.



El dibujo tiene importancia para mí; escribí, creo que fue el número cinco o seis, no sé una de los primeros textos de opinión de mi vida, sobre la capacidad de Escher para dibujar todo tipo de estructuras, tanto matemáticas como de otra índole, y ahora, unos ocho mese después, quiero tratar el dibujo de Katsushika Hokusai, el mejor grabador de Japón del siglo XVII casi XVIII, al menos para mí y el más conocido. Su trabajo no es tan detallista como el de Hiroshige, que sentía por el detalle un amor incomprensible, mas es el más “minimalista” de ellos, y por ello, el más interesante de trabajar. Tuvo una gran técnica como dibujante zen, muchos retratos suyos están hechos únicamente con unos pocos trazos, de los cuales el 80% es la estructura principal del dibujo, la “caja” o los primeros trazos, los que sirven para hacerse una idea del trabajo antes de ponerse con los detalles. Es más, él publico un tratado donde ilustraba esta técnica de dibujo minimalista, que luego fue seguida por muchos dibujantes y artistas. Pienso en Robert Goldman o en Van Gogh, por ejemplo; dos artistas sin nada en común aparentemente, uno minimalista, famoso por sus series de dibujos de formas geométricas y el otro el padre del expresionismo y de la pintura moderna, estandarte en la defensa de la vida bohemia y figura de la genialidad humilde y trabajadora para los siglos de los siglos. Pero ambos conocían los métodos de dibujos japoneses de reducción y análisis, lo cual muestra la gran influencia que ha estos le supuso conocer las técnicas japoneses de dibujo y aguada, aunque Van Gogh fue siempre seguidor, en el color y los detalles, a Hokusai.
Y no es de extrañar; la mente de Hokusai para el arte fue algo más que una ayuda técnica, además de teórica (pues el dedicó gran parte de su carrera a elaborar unos esquemas que permitían diferenciar los colores según su intensidad y clasificarlos en familias luego.) sino que además fue un auténtico precursor de la pintura minimalista. Fijémonos en esas bellas vistas al monte Fuji, creo que son unas treinta y seis. En ellas, el uso de elementos es de mínimo a casi único. Hay dos grabados de esta serie que son los que más me gustan; uno, posiblemente su obra más popular y representativa de la xilografía japonesa, es el más que famoso dibujo de una ola gigante en una tormenta, que está a punto de llevarse a unas barcas de pescadores y al fondo de la composición, tal como si fuera un observador impasible de esta desgracia se encuentra el volcán. Todo en esta composición está armonizado; los tres elementos compositivos (la ola, el monte y las barcas de los pescadores) se encuentran situados en el mismo recinto visual, el centro del cuadro y una distancia igual a él, mas no se encuentran enfrentados unos con otros, sino que siguen un movimiento sinuoso y se desplazan hacia lo profundo. Por otra parte, el tratamiento de la ola es casi escultórica, ya que parece que la espuma de la está dibujada como si fuera una composición fractal, en donde reina la simetría, la repetición, el ritmo y la tridimensionalidad, además tiene resonancias con el resto de la composición pues una de las bases de la ola tiene la misma forma del monte, por lo que aquí juega con las formas repetidas para dar continuidad visual, algo muy vanguardista. También el tratamiento de las figuras humanas tiene algo muy especial; a simple vista, las barcas y las personas dan el efecto de polígonos de colores distintos superpuestos, pues apenas se notan miembros, cuerpos y rasgos humanos; las cabezas blancas se confunden con las gotas de espuma que salpica la ola gigante, y esto hace que recordemos a Calder, por ejemplo.







Aparte de esta celebridad, la obra “El viento del sur dispersa las nubes” ejemplifica muy bien lo que quiero decir. El dibujo representa únicamente el monte, enfrente de un cielo azul, en el cual hay únicamente un par de nubes que se alejan formando una pared totalmente blanca a la izquierda de la composición que se va deshaciendo con el viento en sentido ascendente. En esta composición podríamos dudar de su autoría si hubiese sido hecha en el siglo XX; podría tratarse de uno de los primeros cuadros minimalistas de Judd, pues el autor de este cuadro a conseguido, únicamente con cuatro colores y una única gran forma (la del monte, que es casi un triángulo perfecto) expresar una compleja perspectiva y llenarla de dinamismo y belleza. Fijémonos por ejemplo en cómo trata con una síntesis admirable la variedad de especies vegetales que reinan la base del monte y la multitud de tipos de rocas que aparecen en la cúspide; Hirosige se habría pasado horas, tal vez días y noches o meses, definiendo tallos, hojas, campesinos, grietas, etc. Mas Hokusai, utilizando dos manchas de tinta verde y marrón rojiza, casi siena tostada, consigue crear la sensación de profundidad y diversidad mediante los degrades que hace en cada superficie de color. Esos lavados en la tinta xilográfica hacen que el efecto atmosférico de la acuarela aparezca ahí, en ese maravilloso dibujo de vivos colores. Puede que Hokusai, además del precursor del minimalismo, sea el padre del informalismo y del arte experimental, mas mejor ni pensar en ello.
Mas estas obras no serían más que bellos pañuelos de seda si Hokusai no hubiese dominado el arte del dibujo con maestría; de él se conservan miles de dibujos, ya sean en papel, en cuadernos o en biombos; la capacidad de Hokusai de trabajar con formas muy sencillas fue lo que le otorgó su peculiar reconocimiento, lo cual demuestra que, sin un estudio formal previo, el color en la pintura no es más que “maquillaje”, engaño, “trucco” como dicen los italianos, el color siempre ha de responder y apoyar a la composición, y no enturbiarla y confundir al espectador; Hokusai decía que si el color no permitía que sus composiciones fuesen entendidas con facilidad, negaba usar tinta de cualquier color, y únicamente se conformaba con dibujar.






Podríamos pasarnos horas describiendo sus obras y escritos, tales como la serie de los jinetes, la de los animales e insectos y la de las plantas, mas todo lo dio hasta ahora volvería a aparecer y me repetiría mucho. Para acabar, solo me gustaría señalar un rasgo de la personalidad de Hokusai que le hace digno de ser considerado como maestro para muchos, y que Van Gogh asumió para sí; Hokusai dijo una vez que, a los ochenta años de edad, se había fijado que, tras una brillante carrera de más de cincuenta años, no sabía dibujar del todo bien, y que con la experiencia y el trabajo diario, a los noventa, haría cosas “interesantes”, a los cien “gran parte de lo que hiciese le gustaría” y que a los ciento diez “una sola línea tendría vida y capacidad de expresar” pero que hasta entonces se conformaba con “el dibujo que tenía en las manos”.

6 comentarios:

Gavieroloco dijo...

He descubierto vuestro blog, a partir de un comentario que dejasteis en el mío (que agradezco de verdad) y me parece interesantísimo. Siempre he disfrutado con el estudio de la geometría en el arte y vuestro blog bucea en esos aspectos y muchos otros a cual mas sugerente, al fin y al cabo una mente creativa es necesaria en cualquier campo del conocimiento.
Mi curiosidad hizo que entrara en vuestro perfil del blog y todavía se incrementase mas mi admiración por vosotros, ya que siendo tan jóvenes tenéis unas inquietudes, una madurez intelectual y estética impresionantes. Solo pensar que por edad podríais ser alumnos míos... me parece increíble.
Un saludo, enhorabuena y no me perderé ni una sola de vuestras entradas que espero que sean abundantes.

Alfredo dijo...

Cuando te paras a mirar las obras de Hokusai, algunas de las cuales pude ver en Madrid hace ya unos años, entiendes perfectamente el impacto que causaron en los pintores decimonónicos europeos, y como esos dibujos forman parte de una de las bases sobre las que se asienta el impresionismo, por ejemplo.

Un gran artículo.

Saludos.

Alejandro Maiza Catalán dijo...

Gavieroloco, que nombre tan curioso e inteligente. Me alegra que te parezca interesante nuestro blog, pues al principio esto parecía un buque que se iba a pique, que no lo hizo gracias a gente como tú, que nos apoyaba con comentarios tan buenos. El tema de la edad yo no le doy mucha importancía, mas si tú lo dices, despues de ver tu perfil, puede que este en lo cierto. Así pues, te lo agradezco y creo que mi hermano también diría lo mismo. Gracias por ver nuestro blog y ten en cuenta que siempre serás bienvenido.

Alejandro Maiza Catalán dijo...

Exactamente Alfredo, el arte asiático supuso un gran aporte tanto temáticxamente como tecnicamente, en la pintura del XIX, y aun más en el XX, en especial en el arte y arquitectura minimalista (pienso en este momento en arquitectos como Le Corbusier o Aalto, el cprimero estudio tecnicas de construcción orientales y el otro tenía una forma de pensar y sentir el vacio casi zen).
Gracias por comentar.

ABEL dijo...

Hola Alejandro:
Gracias por invitar a tus amigos a mi blog.Yo te recomiendo permanentemente. Me llamó la atención que mencionen tu edad como algo relevante. Cuando Héctor enojado le dice a Aquiles que Agamenón, no quiere la guerra Aquiles le contesta: "No te preocupes,los viejos tienen tiempo de aprender". Aquiles tenía 15 años y Agamenón 33.
Hokusai me inspiró en un comentario que le hice a Hector Aguilera, un amigo querido del Blog
MUSICA DE JAZZ.blogspot.com
En su entrada,
http://musicadejazz.blogspot.com/2009/09/el-jazz-en-japon.html.
El habló muy bien sobre el Jazz en Japón, y mi comentario lo realicé pensando en tu Blog: "Excelente tu artículo sobre Japón Héctor. Felicidades. Escuchar el Jazz de Japón que nos brindas, es como estar sentado en la Caída de Agua en el camino de Kiso, de la pintura del gran maestro Hokusai, observando el círculo casi perfecto en la cascada que representa metafóricamente el ojo redondo de Buda o La Luz sin límites."
Gracias por tu artículo sobre HOKUSAI
Un abrazo desde México
Abel

Alejandro Maiza Catalán dijo...

Gracias Abel por tus comentarios. He estado en el blog de tu amigo y tienes razón, es muy bueno. Tu comentario se adapta co o un guante. Gracias por todo y recuerda que siempre simepre serás bienvenido.