viernes, 11 de septiembre de 2009

El filón Bruce de Nauman.

Hay pocos “flechazos” en el arte experimental, ya que la condición de buscar una expresión analítica del arte te hace descartar a muchos de los grandes “maestros” del arte tradicionales, e ir buscando gente menos conocida mas muy rigurosa en su quehacer. Así pues encontrar un artista bueno y, lo más importante, que te guste su obra al instante, es casi imposible. Mas eso no me paso con Bruce Nauman, con él me paso algo que solo pasa con un buscador de oro al encontrar una pepita en el lecho del río; es lo que desea y lo que necesita en un determinado intervalo de tiempo. Lo mismo me pasó a mi, cuando creía dar por terminada de artistas matemáticos a los que trabajaría, me entero que Nauman, aparte de un gran artista, fue matemático, físico y además dominaba el lenguaje musical. Su trabajo, centrado en muchos casos en un análisis sintáctico y ontológico mas siempre con una marcada postura positivista de lo cotidiano, de lo que es y lo que no arte y de las miles de curiosidades que tiene nuestra maravillosa realidad, presenta muchos aspectos interesantes que contribuyen a crear argumentos propios para defender las tesis de un arte en la que necesariamente se usen las matemáticas, y no solo de manera empírica, sino también para en un sentido más riguroso, como en las ciencias. Usar las matemáticas como criterio inamovible de verdad, razón y aceptación de lo que es riguroso y por lo tanto bello y lo que no lo es no es solo la esencia del arte experimental, sino que también fundamenta los principios del arte en sí, las matemáticas y las ciencias en sí y de la filosofía; es decir, ilustró con genialidad el fin supremo de toda actividad cultural.