viernes, 11 de septiembre de 2009

Estructuras Gropius




Hace un tiempo me rondaba por la cabeza este proyecto. Viendo un libro sobre la técnica de construcción de Gropius utilizando vigas de acero y cristal, se me ocurrió la idea de hacer unos calderenos de construcción modular para investigar las propiedades del espacio modular y que obras podía hacer únicamente utilizando un instrumento unidimensional tal como es la línea.



Así pues, esbozando el dibujo de arriba, continué con otros dibujos, en tres dimensiones ya, y cree estos dos calderenos. El primero es un uso de la simetría espacial para crear un espacio con solo dos trazos, que, si nos fijamos, está construido siguiendo las aristas de un cubo, de las cuales, se usan una las mitades de las bases y luego unos segmentos que unan uno de los vértices de la base inferior con su contrario en la superior. En la otra, unos módulos van aumentando en vertical y en horizontal siguiendo los laterales de la estructura teórica que los contiene. Así pues las medidas del primer módulo cúbico es de 7cm y la otra de 5 cm y el prismático 15 cm. El fin de este trabajo es mostrar como la simetría no solo sirve para hacer construcciones lineales, sino que también la alternancia asimétrica ayuda a crear efectos nuevos.




(Dibujo) Lápiz de grafito de distintas durezas sobre papel. Medidas: DIN A-4.

Fascina de este elemento su gran flexibilidad y su capacidad de crear espacios a veces imposibles de imaginar utilizando solo planos y figuras tridimensionales, pues no aportan una sensación aérea ni dejan intervenir a la luz, como ocurre con muchas esculturas tradicionales y la arquitectura a veces contemporánea, aparece un desprecio por este tipo de construcciones, cuando, en el plano matemático , científico y también natural, son las que más ventajas aportan a la creación de espacios económicos y funcionales. Me llama la atención, al contemplar el edifico de los talleres de la Bauhaus, la pasión que Gropius sentía hacía la luz, en especial, por la natural, ya que con su obra, intentaba que el edificio estuviese bañada de luz en su interior. “El gigante cubo de luz” como lo llamaba Paul Klee, “al cual venían personas de todas partes de Europa a admirar su belleza” y para ello Gropius no echado mano a las ventanas en de los muros de cemento, lo cual a veces provoca efectos muy oscuros y fríos. Para llenar de luz sus espacios; Gropius empleaba las vigas de acero y los cristales, uno es totalmente lineal, sin apenas más de una dimensión en el espacio teórico, y el otro el sumun de la incorporeidad, pues deja pasar la luz tras desviarla de su trayectoria original (en un solo término, más elegante y físico, sufre lo que se conoce como “refracción”.) con lo cual demostró no solo su gran habilidad de arquitecto, sino también sus ganas de experimentar con los materiales nuevos de la época y crear espacios comunes, donde la gente aprendiese o crease a gusto. Su mente fue maravillosa y sus intenciones de una generosidad inigualable. Pocos arquitectos han sido tan geniales, hablando en todos los sentidos, como Gropius.



Esta serie pretendía ser un homenaje a este gran autor, además de teórico de arte grandioso, y pensar en la capacidad experimental de los elementos rectilíneos, de los cuales, se puede conseguir resultados geniales y totalmente nuevos, que ya habían asomado parte en el trabajo “Homenaje a Escher” 1 y 2, mas todavía demasiado verde para sacar un resultado que convenciese.