miércoles, 23 de septiembre de 2009

Marcel Duchamp y su inteligencia destructiva

Duchamp es siempre citado por artistas de diferente campo de trabajo, mas todos coinciden en que su labor ha contribuido al desarrollo del arte moderno de una manera muy especial. Ha influido en más de tres generaciones de artistas, y aun se siguen percibiendo sus influencias, en especial en los artistas cansados de las técnicas de representación naturalistas clásicas. También todos aquellos que busquen en las matemáticas nuevos argumentos y herramientas que sirvan a la progresión del arte y nos aporte una actividad puramente gratificante y cuyo rigor sean semejantes al de cualquier ciencia, y no cuente con “chorreos emocionales” que sean perjudiciales para nadie.

Hagamos un breve repaso de su obra: desde muy joven muestra un amor incondicional por el artista más rompedor de finales del XIX: Claude Monet, bajo cuya influencia pinta varios paisajes campestres de su Francia natal, le siguen un periodo post cezanniano, cargado de simbolismo de influencia de Redon y después le llega mejor etapa; después de unos cuadros surrealistas, también cezannianos, no muy interesantes y mucho después de unas viñetas cómicas ingeniosas, consigue fusionar todas las vanguardias artísticas en sus cuadros llenos de dinamismo, como “Desnudo descendiendo una escalera”, probablemente la composición “cubista” (aunque no es del todo “cubista”, pues muestra elementos naturalistas, carácter futurista, modelo prerrafaelista y carácter dadá) más conocida de él, “El paso de virgen a novia”, “Nueve moldes masculinos”… Pero si hay que hablar de pintura hemos de referirnos a su obra magna, la mejor de toda su producción: “El gran vidrio”, el nombre que considero más apropiado para él, aunque técnicamente ahí que hacer mención a él como “La soltera desnudada por sus pretendientes, incluso.” Esa pieza de más de dos metros de cristal como soporte, en la cual utiliza elementos de todas sus obras pasadas que muestran una relación muy notable gracias al uso que Duchamp supo aprovechar de la fragmentación del soporte fracturado durante un traslado) y haber conseguido para relacionar plásticamente los elementos empleados, puesto que aparentemente no tenían ninguna proporción ni por la perspectiva, pues se encuentran todos en el mismo plano compositivo. Si nos pondríamos a seguir meditando en esta obra necesitaríamos varios minutos y muchos argumentos, algunos de los cuales están en contradicción los unos con los otros. La posterior elaboración de obras tan geniales como “¿Por qué no dejar estornudar a Rose Selavy?”, varias reproducciones de “La fuente” y la obra, teóricamente gemela, del “gran cristal”, la cual fue mostrada al público tras el fallecimiento, demasiado prematura tal vez, pues más de ochenta años de Duchamp apenas son nada para un genio de su nivel; debería haber vivido más de doscientos años para gozar de verdad con su arte, él y nosotros, mas esto son deseos míos, un poco ilusionistas tal vez, y nada más.

En todo su recorrido Marcel demostró ser un hombre de una inteligencia sin igual: él era agudo, irónico, sensible ante los detalles más pequeños de la realidad que son a veces los que contienen una historia y forma muy especiales, abierto ante la posibilidad de conocer a alguien, inmune al efecto de los prejuicios y siempre dispuesto a contribuir y hacer contribuir a sus amigos y familiares en su labor o en la de otros, haciéndoles partícipes de sus mejores momentos, éxitos y creaciones. Mas es destacable su falta de aprecio hacia todo aquello que se consideraba “lo verdadero”, “lo bello”, “lo profundo”, y en especial “por lo serio”. Artistas iconoclastas como rango principal, tales como Man Ray o Francis Picabia (ambos muy amigos de Duchamp, con el cual los dos compartieron momentos de originalidad, trabajo y amistad, pues fueron todos ellos amigos hasta el final de sus correspondientes vidas.) han reconocido ser “moderados” al compararlos con Duchamp, y no es de dudar. Todo trabajo en el Duchamp participa hay siempre una crítica o una manera distinta de hacer las cosas y en cómo y qué se piensa de manera tradicional. Eso lo vemos en su alter ego femenino, Rose Selavy; el hecho de hacer esto es que, dentro de los cánones de corrección artística, es que quería saber si podían sus actos ser considerados dentro de lo que es el ejercicio artístico, el cual es lo que fundamenta toda la estructura ontológica del arte, como bien defendía Acconci (alumno de Duchamp, por cierto.) Esto ya lo buscó en los ready-mades, método en el que seleccionaba un objeto cotidiano, tal como un escurridor, una percha, una placa publicitaria o incluso un orinal, y, mediante pocas y pequeñas, si no ninguna, modificaciones en su estructura, les da categoría de objetos artísticos; no como esculturas, ni como pinturas, sino como “obras”, simplemente creaciones de su inteligencia destructiva, capaz de fundir conceptos de clasificación que se consideraban inmutables desde siempre. Lucio Fontana y Donald Judd también se percataron de lo frágil, relativa y exigente que era esta división, y ambos también buscaron acabar con ellas; uno con cuadros perforados y el otro con esculturas multidimensionales, mas se aprecia como Duchamp ya les llevaba años de ventaja y de trabajo. Los “objets trouvés” surrealistas emplearon esta idea, mas no llegaron al rigor de Duchamp, y mucho menos a contribuir con esta destrucción. Aun en su irreverencia, estaba una base clásica e imposible de sustituir; para ellos la pintura era pintar y la escultura esculpir, y ya está. Por eso, aunque de manera casi subconsciente, Duchamp se acerca más al grupo de los constructivistas que al de los surrealistas, pues ellos también estaban inmersos en la destrucción de la “pintura de caballete” y en la investigación de nuevos métodos y medios escultóricos. A mí me gusta, cuando hablo con amigos sobre Duchamp, a los cuales les encantan entenderlo como un seguidor más de las locuras artísticas de Raymond Roussell, el creador de textos teatrales surrealistas muy inteligentes como “Impresiones de África”, recordarles que fue un ávido lector de la obra de Henri Poincaré, el científico y matemático más revolucionario de su tiempo, el cual desarrollo el álgebra y otras ramas de la matemática como la topología hasta límites desconocidos en aquella época, además de ser una de las figuras claves de la filosofía científica, pues en varios de sus escritos, tales como el “Valor de la ciencia” trata de dar y fundamentar con principios filosóficos su labor, además de realizar varias críticas a autores como Le Roy, que sostenían opiniones bastantes contrarias a la de Poincaré, aunque siempre con respeto y reconocimiento al trabajo de su objetivo. Así pues, se ve como la lectura de esta obra le hizo ir a Duchamp hacía objetivos más complejos y atractivos que los que había conseguido antes. Se habla de este periodo como “La ruptura”, no solo con toda su obra anterior, sino también con el resto de lo que se hacía en Europa y América en su tiempo. Este es el periodo de cuadros como “El rey y la reina rodeados de desnudos rápidos”, “El desnudo descendiendo las escaleras I y II”,” El molinillo de chocolate” y la preparación de sus magníficos cuadros innovadores como “La novia”, que ya son una fusión entre Surrealismo con cubismo y futurismo, además de plantear sus cuadros en cristal. Y no solo eso, el rigor que adquirió en el estudio de este autor le permitió ser aun más escéptico de lo que ya era, llegando a su visión del mundo del arte y de lo que la sociedad considera como correcto e incorrecto, y si pudo, destruirlo. Se ha dicho siempre que Duchamp fue el Leonardo da Vinci de su época: no solo por la cantidad de experimentos que realizó y la cantidad de géneros a los que dio el “pistoletazo de salida”, tal como el body-art, el Op-art, el “objet trouvé” surrealista y dadaísta y en otras “expediciones de perversión” tal como en la música (a la cual era muy aficionado), la literatura, con especial hincapié en la poesía, y en el cine ( donde colaboró muchas veces con Genet y Picabia.) sino porque la inteligencia de Duchamp siempre igual que la de el genio del Renacimiento, abierta, aguda y vacía de prejuicio, tal como dije antes y siempre dispuesta a destruir.

9 comentarios:

Elizabeth Sandoval dijo...

Gracias por el comentario en mi blog.
Te confieso que he leído todo el texto dedicado a Duchamp y debo decir, que para tener 18 años, te expresas muy bien.
Después de este kit-kat, seguiré con la lectura.
Saludos

Elizabeth Sandoval

Alejandro Maiza Catalán dijo...

Gracias por los cumplidos, Carmen. En cuanto a mi edad yo no le daría mucha importancía, hay gente más joven que yo y más claros. El comentario que te dejé en tu blog era obligatorio, no podías pasar de inadvertido un talento tan especial como el tuyo, y en especial tu capacidad de crear. Eres toda una artista. Muchas gracias por visitarme y vulve a hacerlo cuando quieras. Yo al menos volveré a tu blog.

Alfredo dijo...

Esos aspectos casuales, imaginativos, oníricos, extremadamente personales, hacen que uno le entre la curiosidad por saber cómo jugaba al ajedrez, una de sus pasiones, y a la que dedicó tiempo una vez que decidió dejar su faceta artística de lado, aunque no su relación con el arte en su faceta como marchante.

Alejandro Maiza Catalán dijo...

Exactamente, Alfredo. Sería espectacular saber como jugaba al ajederz. Por lo que me decía jonatan, mi profesor de curso de ajedrez organizado por el ayuntamiento de donde vivo, era muy simétrico y dual. Era también el rey del enroque y el sacrifico de la reina a comienzos de partida. Gracias por escribir en el blog.

Juan Flores Bello dijo...

Hola Alejandro, en primer lugar te doy las gracias por el reconocimiento a mi trabajo, He entrado en tu blog y lo encuentro muy interesante, coincido contigo en la genialidad de los artistas mencionados entre otros, no dudes que te seguiré, gracias.
Saludos Juan.

Diego Jappert dijo...

Alejandro, me parecen muy buenos e interesantes todos tus artículos, valoro tu sencibilidad con el arte y mas aun desde tu juventud, sigue ese camino y vas a llegar muy lejos. Yo seguiré espiando tus artículos. Gracais por los comentarios en mi blog.
Un saludo desde Argentina.

Si tienes oportunidad no dejes de leer los dos tomos de "Historia social de la literatura y el arte" de Arnold Hauser, son muy interesantes (aunque hay que estar precavido porque curiosamamente no hay ninguna ilustración).

Alejandro Maiza Catalán dijo...

Gracias Juan, por tus comentarios. Reconocer el trabajo de los demás, si están bueno como el tuyo, se hace casi obligatorio, ya que es una forma de mostrar interés por entenderlo. Me alegro que te halla interesado el blog y aun más que lo sigas. Gracias otra vez.

Alejandro Maiza Catalán dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alejandro Maiza Catalán dijo...

Gracias Diego, por tus comentarios. He de confesar, que me equivoqué con tu nombre. Estaba pensando en otra cosa. Seguiré al pie de la letra tu recomendación; se ve muy interesante, ya que el arte y la sociedad han estado en relaciones muy complejas, a veces hasta locas. También me centraré en lo que me dijistes de Calatrava, ya pensaré que se puede hacer.