viernes, 11 de septiembre de 2009

Notas sobre arte y sociedad



Para Carlos y
Beatriz, mis tíos, los cuales me
permitieron estas vacaciones, el material para estos textos y aun mucho más. Muchas gracias por todo.



Introducción a las notas.

Hay siempre un tema dentro de la filosofía, en especial de la contemporánea, que me llama mucho la atención, el tema de arte y sociedad. Parece una estupidez, es cierto, muchos artistas rechazan que su arte es para la sociedad, ese “Gran público” que no lo comprenden y lo desprecia, y luego hay energúmenos que dicen que representa a todo el mundo que le rodea, como se dice de cantantes de folck o escritores que apoyan muchas causas “nobles” al mismo tiempo. En realidad, al menos si usamos la teoría de conjuntos, podemos ver como ambas teorías son incomprensibles y extremistas: el artista, al menos hasta ahora, es humano, es decir, pertenece al conjunto de las personas del mundo. Puede que su capacidad sea distinta a la de la gran mayoría del resto de sus semejantes, mas en realidad pertenece al mismo grupo que sus compatriotas, ya sea por estar en el registro civil como vivir en el mismo barrio o comprar la comida en el mismo supermercado que sus vecinos. Es decir, es uno entre unos, igual entre iguales, una persona más. Mas, aunque su labor sea muy especial o singular, no implica que él y su trabajo sean capaces de representar a toda una generación, población o grupo, pues aunque el este dentro del conjunto de las personas de este mundo, el elemento “obra”, derivado de este, no puede recoger a todos los elementos de este conjunto ni sus derivados, simplemente hacer reflejo de lo complejo que somos y a la vez lo poco que hemos hecho y conocemos. Así que podríamos pensar un poco sobre este hecho.


Notas I: El arte con Marx. ¿El arte cambia a la sociedad o la sociedad al arte?

Crear es algo que todos nosotros, los “homos faber” llevamos dentro, ya que es nuestra seña de identidad. Podríamos ir por la calle con un lápiz y una libreta y pidiendo al primero que veamos que esa persona haga algo con ellos. Aunque no siempre tendríamos dibujos, ni bonitos ni feos, tendríamos muchas obras de distinto tipos: algunos escribirían un poema, otros dispondrían los objetos en formas de bodegón, alguno construiría un pequeño puente con la libreta para que el lápiz pase un charco, puede que alguno plantease un problema de Matemáticas o Física y tal vez lo resolviese, si le apetece; otros tirarían todo al suelo en un “performance” o porque le aburrimos, y su mejor manera de expresarlo es esa. Puesto que asumimos que el hombre es capaz de hacer arte, mas la cuestión es la siguiente: ¿Puede el arte cambiar a la sociedad?
Si tomamos a Marx, vemos como sostiene que existe dos estructuras ontológicas distintas, mas no destructivas. Tenemos una llamada “base económica”, en donde encontramos las relaciones y medios de producción de una determinada sociedad, la cual genera de manera proporcional otra estructura, una “superestructura” cultural, en donde tiene lugar toda actividad llamada “inteligente”: el arte, la ciencia, la política, el derecho, la filosofía. Así pues, ahora, sabiendo esto, uno se pregunta si de verdad el arte puede cambiar a la sociedad. Como vemos, es imposible. Es más, el arte es un constante reflejo de los cambios sociales que hay en la sociedad. Reflexionemos en esto; un aristócrata no compraría un cuadro del último periodo de Picasso, que ha viajado al siglo XVII en túnel del tiempo, aunque conociese a un pintor llamado igual que, valorando la belleza del cuadro, aceptase que lo a pintado él, ya que pensaría que es una obra malhecha, que no representa nada, y además, como en la mayoría de las obras de Picasso, el tema sería tratado de manera “pagana”. No hace la falta tomar ejemplos tan psicodélicos; pensemos en los dibujos geométricos, alegóricos y aquellos que fusionaban ambos tipos, la llamada serie de las “Inundaciones” o los dibujos del “Diluvio” de Leonardo, que no fueron mostrado admirados más que por amigos y pocos conocidos, ya que eran dibujos maravillosamente adelantados a su época, y puede que también a la nuestra, y no encontró ningún mecenas real al que le gustasen. Mas los idealistas no deberían de dejar de leer esto, pues no tenemos hasta el momento una definición concreta de la solución o el planteamiento de lo que buscamos.

Notas II: Y sin embargo Woodstock.

Aprovechando que estamos este año recordando los maravillosos años sesenta, me gustaría citar Woodstock. Aparte de que me gusta mucho el rock de esos años ya un más los que fueron ahí (Joan Báez, Jon Lennon, Crosby, Still, Nash y Young, Dylan, Jimmy Hendrix, Santana, etc.) supuso algo sorprendente. No solo por la cantidad de gente que fue, que también ilustro como la música tiene un poder social titánico, sino porque se consiguió cambiar la mentalidad de muchos jóvenes y crear pensamientos que no se habían dado jamás en un público tan grande. Esto se demostró en las múltiples reyertas de los asistentes con las autoridades. La música de esos genios, muchos de los cuales aun siguen viviendo y cambiándonos nuestras maneras de entender aun. Esto demuestra que el arte, aun sujeto a los cambios sociales que experimenta una sociedad, también tiene la suficiente energía como para poder cambiar a las personas, y sino, al menos hacer mella en ellos y no dejarlos impasible ante las revoluciones del pensamiento y la política. Es decir, que el arte si puede cambiar, ligeramente, la sociedad. Y aunque no parezca grandes logros, son lo suficientemente importante para hacer cosas.

Notas III: La industria y el arte.

Generalmente hay problemas al asociar industria con arte, ya que parece que, sobre esta relación, hay levitando muchísimos prejuicios. Se dice que el arte aplicado a la industria es una aberración, que el mundo disciplinar de este mata a la “musa creativa” y a la viceversa, que un artista es muy inútil en temas de empresa, mas en realidad no es una relación nada imposible. Es cierto que el mundo industrial es muy limitado en cuanto a originalidad, singularidad, humanidad y libertad, además de ser muy nocivo para toda forma de vida, ya sea por su capacidad de contaminar y de explotar el entorno donde vivimos, mas los resultados a los que llega en sus investigaciones y experimentos con nuevos materiales nos aporta una dimensión, comodidad y nos abre a nuevas posibilidades hasta el momento inimaginables. Si el artista sabe manejarse correctamente con el mundo de la industria y no se deja corromper ni influir de manera exagerada por este mundo conseguirá resultados hasta el momento jamás pensados y conseguirá resultados increíbles, los cuales son imposibles realizar mediante los medios tradicionales. Habría que tomar tres posturas: la de Duchamp, es decir, aprovecharse de todos los recursos que nos proporciona la tecnología y son aplicables al arte, siempre con humor, ironía e inteligencia, o bien como los artistas de la Bauhaus, para extender a un pública más grande sus resultados y sus ideas y enseñar a sus alumnos términos desde un punto de vista practico como serialismo, variación o desarrollo analítico. La otra postura es más compleja: se trata de fusionar la ironía duchampiana con el rigor formal de los constructivistas y el estilo Bauhaus; es decir, ser un artista conceptual.

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