martes, 15 de septiembre de 2009

Magnetismo hacía Giacometti.

Dedicado a todos los que trabajan en Auzolan (Pamplona).
Gracías por todo.





Retrato de Giacometti, obra de Gordon Park.


La obra de Giacometti me fascina desde hace mucho tiempo, aproximadamente hace cinco años en los que no he dejado de pensar en sus figuras espectrales y sus espacios extremadamente sencillos que ocultan muchas variables que la mente es incapaz de percibir, además de que su obra “Le palais a 4 heures du matin”, una estructura muy parecida a las de Calder (al cual conoció, por cierto, y estudió su obra) en cuanto al tema de la composición con rejillas tridimensionales y elementos de índole biológica (se aprecia unos cuerpos semejantes a los de unos animales prehistóricos, tales como una serpiente gigante o un pterodáctílido fósil, además de una figura de mujer tallada como si fuera un tótem indio o una figura de Mesoamérica antigua, perteneciente a un gran imperio precolombino, lo cual muestra su amor por la antropología y la Historia.) mas cuya comprensión necesita un ejercicio mental superior, pues no habita ese toque de realidad tangible que tanto es apreciada en Calder, pues aunque sus obras sean abstractas, siempre se percibe el contorno y la idea de lo que él quiere expresar, ya sea un dragón como un gato, o unos pétalos, siempre se percibe; en Giacometti esto no pasa, lo que en Giacometti genera una sensación que el artista pueda traducir en una obra, viene cargado con tanto simbolismo y complejidad que es muy difícil de sacar algo como absoluto verdadero, me tiene hechizado desde los doce años, pues la vi en una fotografía en una revista y, aun no sabiendo quien creó esa maravilla, no me la podía quitar de la cabeza.
Pero yo tengo con este artista una relación muy extraña. Cuanto menos pienso en él, más lo necesito, pues aporta muchas herramientas tanto artísticas como filosóficas que sustentan mi arte experimental, aunque el poco tiene que ver (esto no es del todo cierto, pero ya lo veremos con el tiempo.) con el mundo de las ciencias y del arte geométrico, al igual que lo que me pasa con Pollock. Yo creo, que de cierta manera Giacometti me tiene magnetizado. Y lo sé por esto. Hace poco, en mis vacaciones en Pamplona, me pasé por una librería, una de las mejores que tiene este sitio, tanto en variedad como en precio, en el casco viejo, llamada Auzolan. Buscando en las ofertas me encontré, lleno de polvo y un poco arrugado, sin apenas marcas de ser abierto, un libro de la editorial Poligrafía, con la principal obra de Giacometti, ni me lo pensé. Lo compré, merecía la pena por el contenido así como por el precio, y lo estoy disfrutando mucho, además de comprender por qué me tenía este genial autor hechizado, desde mi primera vez.
Este hombre es extraordinario. No solo por su disposición hacía el arte; poseía una curiosidad fantástica hacía todo tipo de cosas, al igual que Francis Bacon, el pintor, pues, aparte de la Historia, el arte y la biología le interesaba las matemáticas, la química y meteorología, además de la música, el cine y la fotografía (fue muy amigo de Genet y Man Ray, lo cual ilustra muy bien esto.) También sorprende su ética de trabajo; aunque perteneció a varios grupos artísticos (post cezannistas, cubistas, surrealistas, etc.) nunca dejo de lado su “investigación”, como él llamaba a su trabajo, y continuó sin interrupción en mejorar su estilo y sus obras. Es destacable su interés en la filosofía también, sin la cual él no podía crear, según dice en más de una entrevista. Esto también se percibe en la importancia que Giacometti daba a la capacidad del artista en “ver”, gracias a la cual podía entender el mundo, y esto es lo que consideraba lo más importante del ejercicio artístico, y no el resultado de la obra. No obstante, la genialidad de este gran hombre no guarda una proporción parecida a la complejidad de su trabajo y de su trayectoria. En la entrevista ¿Por que soy escultor? El pintor y escultor habla de que, en su incansable labor de “ver”, tuvo muchos problemas, hasta el punto de que, de una manera casi inmediata, perdió su capacidad de recrear un objeto de tres dimensiones y perdía la totalidad del conjunto de lo que estaba haciendo por culpa de los detalles. A mí me parece que, en realidad, el escultor ya estaba asqueado de las representaciones convencionales, y decidió experimentar ya con otros tipos de estilos y lenguajes, tales como el cubista o el surrealista, como destacan sus obras de los años 30, muy próximas a las obras de Calder y Miró, y las “cajas”, las cuales ya empiezan a dar una imagen de la obra futura de Giacometti. Y de ahí empezó con sus experimentos con figuras humanas, en un principio, muy pequeñas y luego muy alargadas, mas todas ellas reducidas hasta casi su expresión mínima, mas que se ajustaban a su estudio del movimiento a partir de figuras estáticas. Se ha dicho que estas figuras representan al hombre contemporáneo gracias al dinamismo que oculta su quietud, la complejidad de su simpleza. Además de que sirvieron a Alberto a desarrollar en profundidad su concepción de Tiempo y Espacio hasta un nivel muy sofisticado.
Para acabar con este pequeño recordatorio, en la misma entrevista que señalamos anteriormente, al final de ella, dice que ciencia y arte no solo sirven para lo mismo, “ver” y entender el mundo, sino que además ambas pueden complementarse. Ahora, algo que nunca he hecho, os pongo una imágene de él con su obra, pues me parece que se lo merece y esta imagen siempre me fascina.

2 comentarios:

ABEL dijo...

Hola Alejandro. Me parece excelente tu artículo sobre Giacometti. Curiosamente,yo utilicé la misma foto de Giacometti, tomada por el genio Cartier-Bresson. Ahí decía yo en relación a la fotografía: "La fotografía de Cartier-Bresson cinco años antes de la muerte de Giacometti, nos muestra a Giacometti como una mas de sus esculturas. El impacto emocional que nos producen las esculturas de Giacometti, se duplica en la fotografía al ver que Giacometti y sus esculturas son un solo universo. El escultor estaba inmerso en los preparativos de una exposición-representación que fuera a realizar el director de escena polaco Tadeusz Kantor.."
Me parece muy clara la expresión de Giacometti cuando dice:"Lo que pretendo no es la apariencia de la realidad, sino la plena semejanza" ( Citado por Reinhold Hohl, Alberto Giacometti, Hatje,Stuttgart 1971,página 143) y de alguna manera, fortalece tu análisis.
Un abrazo desde México.
Abel

Alejandro Maiza Catalán dijo...

Otra vez Abel, gracías por ampliar y mejorar mi información; eres fáscinante. Sabía que te interesaba giacometti, me lo esperaba, con la cantidad de ritmos emocionales de sus esculturas y su ontológica propio y personal imposible de modificar. Me alegro de que te haya gustado.