jueves, 1 de octubre de 2009

Picabia. El arrojo a la vida y al arte.



Fotografía de Picabia en su taller (París, 1924)


Marcel Duchamp, Man Ray y Francis Picabia han recibido la denominación de la “Trinidad” dadaísta. Y no es de extrañar. Estos tres geniales artistas y aun más geniales hombres, han revolucionado el panorama del arte como ningún otro artista se pudiese imaginar en aquellos años difíciles y poco propensos a la creatividad destructiva. Me gustaría centrarme en Picabia.
De madre francesa (nació el mismo año en el que Thomas Edison inventó la bombilla, cosa que recordaría siempre), padre cubano y predecesores de orígenes italianos y americanos, fue educado dentro de la filosofía nihilista, cuyo principal autor, Federico Nietzche, fue motor impulsor de su arte y manera de pensar y vivir. No solo se limitó a la pintura, en la cual experimento con diversos estilos, desde una pintura impresionista de marcada influencia de Monet y una muy hermética post cezanniana, muy semejante a la del joven Marcel Duchamp, hasta un futurismo muy personal, lleno de diversos contrastes y gamas de colores que rozan lo infinito.







"New York". Oleo sobre lienzo.


Mención aparte merecen sus cuadros mecánicos, muy semejantes a las pinturas de vidrio de Duchamp, mas con un contenido irónico mucho más marcado que el de su compañero, pues son casi una burla a la ciencia positivista, a la causalidad que rige los principios mecánicos positivistas y a la mentalidad tradicional de que el orden es funcionalidad.




Parada amorosa. Oleo sobre carton

También experimento con las técnicas dadaístas, grupo del cual fue una de las figuras más importantes, en especial por sus poemas y sus nuevos experimentos visuales. En estos años hay muchos murales donde la escritura automática y el collage son protagonistas. También existen varías colaboraciones en el mundo del teatro, en especial con el diseño de escenarios y en la elaboración de obras surrealistas, varios proyectos con surrealistas como André Breton y Max Ernst Durante los últimos años de su vida se centró en la poesía, arte cultivado con gran esmero a lo largo de su vida y a la pintura de clara referencia Surrealista, y en donde la presencia de las figuras femeninas se hace cada vez más y más frecuente hasta su muerte en 1965.





L´oeil cacodylate. Diversas tecnicas sobre lienzo.

Lo que me gustaría señalar de este hombre tan singular es su individualidad, su capacidad de vivir con su originalidad y de ser independiente de todo y todos. Se ha dicho que él no fue “seguidor de nada ni nadie” y que jamás perteneció a ninguna vanguardia, sino que siempre respondió a su deseo de hacer lo que se proponía, sin pedir permiso a nadie ni depender de marchantes que le dijesen que debía pintar o no. En ese sentido siempre fue lo bastante valiente. Y marcó a muchísimos artistas que vendrían en el futuro, en especial a los artistas conceptuales, cuyas diferentes praxis, muchas en contradicción con la de los otros, les impedía ser reconocidos como individuos de un determinado grupo en concreto, tal como pasaba con los minimalistas, que eran reconocibles por el empleo de determinadas figuras geométricas y por el tener una praxis más o menos acordes entre ellos, que era el empleo de los mínimos elementos posibles. Esta individualidad también le hacían ver el mundo como una inagotable fuente de herramientas y medios que usaría para su arte. No solo la pintura naturalista, los medios como la fotografía o la escritura automática eran su signo; las matemáticas, las tautologías en la lógica, la psicología, el humor e incluso el ocultismo fueron para el fuente de constante flujo de ideas y herramientas para su arte. En resumen, Picabia representa todo loq ue el arte experimental defiende: una busqueda constante de herramientas de rigor para contribuir a mejorar el arte,constante planteamiento sobre su obra y la de los demás y un afan de superase a si mismo y a la mediocridad de su tiempo de reverencia, pero también Picabia se lanzó a sacar todo lo que pudo de la vida, no solo arte. Siempre irónico y esceptico, buscó una manera de vivir que su tiempo no llegaba a comprender y la moral de entonces le censuraba. tal vez pueda decir que se arrojó en todo lo que hizo, ya sea en la pintura o en la vida del día, ya que daba todo lo que él era en sí.

2 comentarios:

Alfredo dijo...

Tres grandes artistas son los que conviven en este artículo, y aunque me declaro duchampiano convencido, es verdad que no hay que perder de vista a Picabia, otro elemento fundamental en aquellos años efervescentes como pocos a los que, hasta cierto punto, puso fin la locura bélica. Luego nada volvería a ser igual.

Un abrazo!!

Alejandro Maiza Catalán dijo...

Siempre exacto, Alfredo. Si te soy sincero, a mí me gusta más Duchamp que Picabia, como tú. Creo que su obra es más profunda y variada, mas con Picabia la libertad se hace color, forma, se hace vida. Es muy interesante su dominio en todo lo que hacía. Lástima, como tu dices, que la guerra haya frenado el impulso de esa generación. Ahora el trabajo de los jóvenes artistas sería vistos con mejores ojos. Gracias por escribir, y aun más por leer.