miércoles, 4 de noviembre de 2009

“Siempre hay algo más que matemáticas en la ciencia”. Michael Faraday.

Como estudiante de matemáticas y amante de las leyes de la física, en especial la cuántica, a uno le cuesta asumirlo, mas esto demuestra que la ciencia también depende en gran medida de cómo se utiliza la lógica, de una manera valiente o únicamente para repetir una y otra vez lo que se ha hecho, sin llegar a avanzar más. Esto viene a propósito de un texto sobre un personaje tan genial como Bob Dylan, Feynman u Oteiza. Se trata de Michael Faraday.
De orígenes muy humildes, trabajó como aprendiz de encuadernador y como portero de la Royal Institution, Faraday recibió lecciones de Humphry Davy, catedrático de Química de esa misma institución, el cual lo nombró su ayudante. Durante el año 1821, Faraday conoció el trabajo de Oersted, y sin saberlo del todo, Faraday mencionó el principio de un motor eléctrico: si por un hilo por el que pasa una corriente eléctrica, podía girar de manera continua con un imán, obteniendo movimientos mecánicos. Además de este fantástico hecho, Faraday contribuyó con la física con el desarrollo intuitivo de la teoría de campos, en especial en los campos magnéticos y eléctricos. También realizó varias aportaciones en la química experimental y en la termodinámica, en una serie de magníficas conferencias por Inglaterra.



Retrato de Faraday sosteniendo un imán con los que experimentaba. Alrededor de 1857-1860.


Lo que sorprende de este gran genio, aparte de la más que mencionada humildad, sinceridad y caridad, por su seguidor más fiel, James Clerck Maxwell, era su habilidad natural y muy aguda, como experimentador; según uno de sus alumnos, Farady “se movía por el laboratorio como un experimentado director de orquesta, eligiendo con cuidado y precisión cada matraz, vela o imán” y que mientras “trabajaba, siempre sonreía o esbozaba algún pensamiento sobre un papel, y si no lo entendía me lo explicaba con una paciencia y agilidad como muy pocos sabrían hacerlo” y que cuando lograba demostrar algún principio, “llamaba a todo el mundo a su laboratorio, fuese la hora que fuese, y nos hacía una preciosa demostración, respondiendo a todas nuestras dudas con un lenguaje lejano del que uno se encuentra en los libros de texto, siempre con alegría y simpatía”.
Apenas era un erudito en Matemáticas, ya que no tuvo una formación del todo completa, mas eso no le impidió llegar a los resultados y conclusiones con mucha precisión, además de otorgarles un rigor tan sólido como el que lo aportaría una ecuación matemática, que tan necesarías fueron para la ciencia moderna. El mismo Maxwell, todo un genio en las matemáticas, reconocería el gran talento de Faraday para la experimentación y como a veces era incapaz de seguir sus planteamientos. La verdad es que yo admiro más a Maxwell y su capacidad de reducir el mundo a una simple y bella expresión, no obstante soy consciente de que Faraday logró algo muy difícil de cuestionar, ya que demostró que la lógica y la creatividad no estaban reñidas con la ciencia, sino que eran una constante fuente de herramientas más que útiles para crear una auténtica teoría científica, por lo que el que se considera un lego en ellas no debe apartarse del genial y fantástico mundo de la Física o la Química, e incluso de las matemáticas. Tal vez la mala reputación que tiene las ciencias es por no entender que existen otras posturas de enseñanza, como las de Faraday o Feynman, pues se centran en que el alumno aprenda y aplique una serie de principios matemáticos y físicos, mas sin experimentar, sin ver de dónde proceden, que autor los formuló y cómo podrían usarlos de una manera creativa.
Su legado es muy difícil de olvidar. Hoy Faraday llega a través de sus textos, muchos de ellos complejos manuales de laboratorio, mas también con colecciones de ensayos más que originales, como el famosísimo libro “Historia química de una vela” de 1861, uno de los libros favoritos de Feynman, muy ameno de leer, ya que indaga más en los fundamentos que hacen posible este fenómeno y otros relacionados sin buscar una aplicación práctica. También cabe destacar el bello y entrañable artículo que Maxwell escribió sobre él en la novena edición de la “Encyclopaedia britannica”, que es más que recomendable leer.

5 comentarios:

ABEL dijo...

Alejandro:
Felicidades por tu artículo. Como siempre, tocas puntos esenciales de la vida .En este caso nos descubres el lado práctico de la ciencia.Faraday decía: "Las 5 habilidades para tener éxito son: CONCENTRACION,DISCRIMINACION, ORGANIZACION, INNOVACION Y COMUNICACION." ( “The five essential entrepreneurial skills for success are concentration, discrimination, organization, innovation and communication" . M. FARADAY) Y tu tienes las 5, desde el momento que nos comunicas
a tus seguidores lo que realizas con las otras 4 habilidades: concentración, discriminación, innovación y organización.
Un abrazo
Abel

Alejandro Maiza Catalán dijo...

Veo que te suena. me imaginé que os gustaría. Me alegro mucho de que hayas citado esto, pues complementas mucha de mi información. Gracias de verdad. Por cierto, que rápido las has visto, me llena de entusiamo.

Jose Maria Sasieta dijo...

Yo añadiría otra habilidad necesaria para un científico: OBSERVACIÓN. Además de las habilidades no olvidemos que la suerte es condimento necesario en la mayoría de los casos.
Animo Alejandro.

Alfredo dijo...

Flojo en matemáticas, entonces como Einstein que parece que tuvo en su mujer un apoyo fundamental en esa materia, y predicaba la preponderancia de la imaginación para ampliar los límites del conocimiento.

Un abrazo!!

ABEL dijo...

Jose María tiene razón en agregar observación como otra cualidad científica, así como la suerte.

Alejandro, te mencioné en mi Taller de Control del Stress con Directores, Les hablé de tu texto de esta entrada:

"De hecho, Faraday contribuyó con la física con el desarrollo intuitivo de la teoría de campos, en especial en los campos magnéticos y eléctricos."

Y seguramente te visitaron ya porque se interesaron mucho.

Esto en relación al CER (Cortical Evoked Response), que uso en los talleres para acceder a los estados alfa 7-12 Hz y Teta 4-8 Hz, y así tener la creatividad, innovación y paz espiritual a través de resonancias cerebrales.

Con estos ejercicios, y la constancia necesaria, ellos esperan tener una visión Davinciana, como la de Alfredo.(Su blog es impactante por la diversidad). Por lo menos, el EEG les demostró que entraron en resonancia con el campo magnético terrestre, del universo y claro, del Jazz.(7.5-7.8 Hz) y lo cómico - y agradable- es la cara que pusieron 2 de ellos cuando vieron como se les quitó la taquicardia que siempre traen como hombres de negocios

Por cierto, ¡al fin! escribí tu anécdota de Van Morrison en mi Blog, con referencia a ti y tu sitio. Como no encontré suficiente
música donde Van Morrison toque el saxofón, me permití agregar otra anécdota con Bob Dylan.
Un abrazo
Abel