viernes, 12 de marzo de 2010

El sonido de la madera, el viento y el espíritu de nuestro tiempo. Kitaro.

Aunque he hecho esfuerzos, en mi opinión, notables (he estado un mes entero intentado expresar correctamente como quería que fuese esta entrada) no he podido reducir a este artista a un solo trabajo de él y ponerme a explicar sus características, es tan amplio y complejo que he decidido molestarme un poco más y, aunque no disfrute tanto escribiéndola, como hago con una entrada sobre un artista único, como la de Dickie, que son más espontaneas y frescas, en cuanto a duración y enlaces, es importante hablar de ella. Por eso hoy quería hablaros algo de Kitaro.



Fotografía de Kitaro durante uno de sus vivos.

Kitaro nació en el seno de una familia de granjeros japoneses sintoístas, pero muy pronto descubrió que su vocación sería la música en vez de la guadaña, y empezaría a aprender piano, guitarra así como el conocimiento y manejo de ciertos instrumentos populares japoneses mientras todavía estaba en el colegio. Sería ya después cuando mostraría un interés casi obsesivo por los nuevos instrumentos eléctricos, tales como el sintetizador analógico, el bajo electrónico y como se manifestaban los fenómenos de luz, condensación, etc. Aunque siempre manteniendo una influencia budista, su primer interés fue la música de rock progresivo. Su humildad y la honestidad siempre le han acompañado, llegando a decir que él no era más que un “ejecutor de la bellezas naturales que le rodeaban”, de las cuales recibía órdenes e inspiración para trabajar. Su genial aparición como músico ambiental fue con el trabajo en la banda sonora de la película documental “La ruta de la seda”, donde ilustra con un sonido muy personal todo el viaje que realiza el protagonista, pasando desde China hasta la India. En cada uno de ellos, destaca las propiedades sonoras de situaciones en las que se encuentra; el rumor de los ríos, el sonido de los gansos al volar) y utilizando una delicada simetría y una superposición de sonidos muy elegante. A partir de ahí su trabajo está muy diversificado, al igual que el de Eno, pero podemos destacar temas como “Theme for Silk Road”, “Cosmic Love” o “Forest Simphony”. Es muy interesante oírlo cuando toca o el tambor o una especie de violonchelo japonés (perdonadme que ahora no recuerde el nombre), ya que consigue sonidos de esas maderas muy bellos y precisos, llenos de tonos, y con las flautas de bambú logra música que, teñida aun de ese recuerdo de los campos de arroz propios de su aldea natal, consiguen llevarlos más allá de lo establecido y obtener efectos sonoros muy potentes. Además, ese espíritu minimalistas que poseen sino todas, la gran mayoría de sus obras, es siempre de agradecer, ya que sus melodías no cansan, aunque las repitan cientos de veces, y en cada audición, uno percibe detalles hermosos que a veces pasan por completo de desapercibidos. Con Kitaro, si es verdad que existe una manifestación tangencial o sensorial del tiempo, es muy probable que lo experimentemos.




Portada de “The Silk Road”, uno de los trabajos más importantes de Kitaro dentro de la música ambiental.

Pero mención aparte merece su carácter. Al igual que Deuter, Kitaro siempre se ha reconocido por una humildad hacía el mundo que le rodea más que ejemplar, además de tener siempre claro la actualidad, muchas veces nefasta, del mundo, de la que muestra su opinión más sincera. Probablemente, esta mentalidad crítica y a la vez sensata, es la más sana a la hora de crear y vivir dentro de una sociedad que crece tanto en cantidad como en sentido ético y cuantitativo de una manera casi astronómica. Cuando Kitaro dice, dentro de las declaraciones de sus primeras obras, compuestas mientras descansaba de sus alienantes trabajos de media jornada, que sus “obras venían de una mente superior”, deja que lo que distingue a un artista o a un gran pensador, esa relación conocimiento-forma natural de ser fluyan como sus acordes, en armonía.

Podeís gozar de Kitaro y su música en:
http://www.youtube.com/watch?v=p5n57OSe8tw
http://www.youtube.com/watch?v=YxrZZ-V0LHs
http://www.youtube.com/watch?v=H2FFDDWz3R0

Pequeña marioneta (en negro) movida con cuerdas y poleas (gris).

martes, 2 de marzo de 2010

En vez de números, carne y verduras, pero el mismo espíritu. Jamie oliver

Por Alejandro Maiza Catalán

Aunque parezca una excentricidad hablar de un personaje de la televisión y de los medios de comunicación, que no tiene ninguna obra artística y no es un buen matemático; puede que ni siquiera le interesen de las matemáticas, tengo que hablar de Jamie Oliver, el cocinero y escritor inglés por dos razones: la primera es que me encanta cocinar, y en sus programas uno encuentra técnicas para elaborar complejos platos en muy poco tiempo y de una manera sencilla, la otra es que su manera de trabajar me es muy elegante y podemos aplicarla a otros campos.



Fotografía de Jamie Oliver.

Jamie Oliver posee un programa de televisión, conocido como “En casa de Jamie Oliver”, en donde cocinaba en su casa de campo y explicaba algunas propiedades de distintos tipos de plantas, carnes, pescados y especias, y como han de cocinarse cada uno, con datos precisos; muy pocas veces se le ve dudar sobre una temperatura determinada o una cantidad de sal, ya que sabe que combinación es siempre la más adecuada.







Jamie Oliver delante de los fogones (arriba) y su libro de rectas “La escuela de cocina de Jamie Oliver” (abajo); por experiencia propia, os recomendaría leerlo; se aleja mucho de un libro tradicional de recetas, como el que no falta en las cocinas de nuestras abuelas, y podemos encontrar historias, fotografías con la familia de Jamie, recetas de amigos suyos, etc.

Y es que no hay nada más cercano a los primeros intentos de química que la cocina, donde se producen reacciones y síntesis complejas cuyos resultados no solo podemos “estudiar” sino también “sentir”, por lo que resulta muy atractiva y curiosa, además de más entretenida; me acuerdo una vez que nos llevaron a mi clase y a mí a una feria científica en la Universidad de Oviedo, y un estudiante de química de al menos de tercero de grado, un poco desagradable, nos mostró cómo reaccionaba un ácido como el limón con sal y glucosa. Yo veía eso desde el punto de vista matemático, es decir: “Vale, pero por qué no escribes en un papel las ecuaciones y los operadores usados y así te ahorras el número aquí montado”. Pero no lo hizo (ese día no estaba por la labor de nada), y luego me vino a la cabeza: “Con ese limón, el azúcar y una masa, aprovechando el horno que tiene la del otro puesto, hago un bizcocho que se emplea mucho mejor los materiales, y veo como el principio de Lavoisier es aplicable según el color de la tostadura de la superficie (si los ingredientes están proporcionados, no ha de aparecer manchas de otro color sobre la tostadura. El principio de Lavoisier lo sostiene ya que dice los siguiente: “Las cantidades de productos que intervienen en una reacción ha de ser la misma y de los mismos en los resultantes. Ya sabéis un truco para saber si os habéis pasado con algún ingrediente en el bizcocho) y no hay, que además luego vas tú y lo tiras por el desagüe, indecente”. Cuando Jamie Oliver cocina, se ve el cuidado a la hora de seleccionar la cantidad de elementos y sus correctas proporciones, ya que esta en estas proporciones el ochenta por ciento de las características del estado final. Parece más que un cocinero un auténtico matemático, o un químico de verdad, de esos que ya sabiendo cómo actúan los componentes con los que trabaja, busca darles la mayor utilidad posible y el mejor uso que tienen. Y es que es ahí donde reside toda la esencia de los resultados interesantes; saber con qué que se trabaja, tener una conciencia total de los materiales y técnicas.

Pero no puedo dejaros con las ganas de verlo en acción, luego os paso lo siguiente, ya que vuestra opinión me interesa:
http://www.youtube.com/watch?v=PXyRbbqP10U
http://www.youtube.com/watch?v=5hQzg2FGpVU&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=7tdoS-91G60&feature=related

El pintor del tiempo. Roman Opalka.

Por Alejandro Maiza

A nadie se le ocurriría pegarse toda una vida contando, en forma de octetos, como pasa su vida; y a menos aún ponerse a pintar estos números, en cuadros grandes, de color blanco y en fondo negro, ya que sabe que aparte de ser una tarea engorrosa que nadie quiere, no sirve para nada. Pero a Roman Opalka, esto se le aparece como la mejor forma de pensar en una pintura interesante e inteligente.



Retrato fotográfico de Roman Opalka, realizado por él mismo tras una sesión de pintura.
Aunque no me apasiona demasiado, es cierto que fue muy novedoso con respecto a los otros pintores de conceptuales de su época. Opalka es un pintor francés de origen polaco. Empezó esta serie en el año 1965, y es conocida como”OPALKA 1965/ 1-∞”. El trabajó en esta idea cuando estaba esperando a su mujer en un café de París, y ella se retrasaba mucho. Ahí experimento como el tiempo es implacable (bueno; también hemos de señalar horas y horas de lectura sobre todo tipo de temas y autores en relación a este problema; desde Aristóteles hasta Einstein o Heidegger), y no ofrece tregua a nadie. Son obras realizadas mediante un método muy rígido: sobre un lienzo pintado de negro de aproximadamente 160 × 135 cm, los cuales se empiezan a cubrir con los números del conjunto natural comenzado por uno y que siguen el principio de inducción; como p(n=1)= 1, entonces p(n+1)=2,3, 4, 5,…, ∞. La obra terminaría como es lógico, con la muerte del autor. Después de pintar cada cifra en color blanco, el autor la grababa en una cinta magnetofónica, en su lengua materna; el polaco. Cuando Opalka llegó al número un millón, incrementó el color blanco del fondo un 1%, con lo cual, si no llegase a terminar la serie, lo cual es lo más probable, estas cifras desaparecerán, tras el número cien millones, y no se podrá distinguir las cifras.
A veces presenta estos cuadros, que denomina “detalles”, a los que sigue un intervalo numérico, que empieza por el primer número que aparece en el extremo izquierdo y lo cierra con el que finaliza ese cuadro, mas suele aparecer más los retratos fotográficos que se hace inexorablemente después de una jornada de pintura, en la que muestra como el pintor de desvanece y se corrompe según el número incrementa. Con este algoritmo de creación, Opalka quería ilustrar como la vida humana está destinada a desaparecer, pero que nosotros la consideramos siempre infinita (cuantas veces no habremos dicho: “Bah, tengo tiempo para todo”), pero que, ya sea por una causa natural propia de ella, tal como puede ser un accidente, una enfermedad, representada por el 1% de color que blanco que Opalka añadía a sus cuadros, hace que esta tenga un final casi instantáneo; puede que en el número 56748129045 o bien en el 1000000000, pero que se acabará en un punto que hasta el momento desconocemos, se vuelve una verdad casi absoluta. Y eso es lo que mantiene nuestra concentración activa al cien por cien, tanto en la obra de Opalka como en nuestra frágil existencia.







Roman Opalka durante una conferencia (arriba) y parte de su trabajo (abajo).

viernes, 26 de febrero de 2010

Un torbellino azul. “November Suite” de Robert Fripp.

Por Alejandro Maiza

En todas las entradas que hablo del trabajo de un músico, solo uno, disfruto mucho, ya que concentro mis fuerzas en hacerlo lo mejor que puedo y el resultado es siempre muy agradable, al menos para mí. Pero creo que con este voy a disfrutar el doble, ya que adoro a Robert Fripp.

November Suite o “Sound Scapes Live Green Park Station”, como pone en la cubierta del disco es uno de los numerosos trabajos de música ambiental que tiene este gran autor. Robert Fripp, guitarrista de King Crisom hará tiempo atrás, empezó a desarrollar esta faceta musical con la compañía de Bowie y Eno, como ya os mostré en una fotografía donde estaban trabajando los tres. Tiene especial importancia en el álbum “No Pussing footing”, trabajo donde solo están él y Eno, pero aun así es una auténtica maravilla. Así pues, Fripp también investigo con las formas de jazz más revolucionarias y los instrumentos electrónicos más avanzados del momento, como las guitarras de mesa o los sintetizadores.



Fripp durante una demostración de guitarra como solista en la actualidad.

El trabajo que nos atañe, del año 1996, es un ejemplo perfecto de música experimental y ambiental. Combina a la perfección melodías e instrumentos, creando veladuras musicales muy elegantes, finas y serias. Eno comparaba esta composición como un “gran torbellino azul, que te construye un pequeño palacio transparente y bello de pensar.” La composición está grabada en dos grupos distintos: la “November Suite” y la “Green Park suite”, que son combinada de manera simétrica (son 4piezas, luego 3, luego otras tres, utiliza una como punto de inflexión, y acaba con tres melodías más). En todas ellas se utiliza un módulo de sonido, que se varía aplicando más o menos instrumentos, e introduciendo ornamentos musicales muy inteligentes. Ya sabéis que hablo de las piezas como un matemático, a veces como un pintor, y la mayor parte del tiempo como un amante de la música más, que se mueve en la ignorancia, mas creo que es una obra, aparte de discreta, muy rigurosa y se aleja mucho de los conciertos a gran escala, dominados por la histeria colectiva y el ruido; en este módico vivo, Fripp quería aportar un rigor a la música contemporánea con un aire de seriedad y rigor; en muchas cartas y planteamientos de la obra aparecen estos términos muchas veces, ya que Fripp quería alcanzar un rigor con la guitarra muy semejante a la de la música clásica y la más experimental, como la de Schönberg o la de Pierre Henry, pero con los matices y herramientas del rock progresivo y la improvisación propia del cool jazz.




Portada (arriba) y contraportada de del disco (abajo) donde aparece la lista de los temas que interpretó Fripp y el orden que me llamaba la atención.

viernes, 19 de febrero de 2010

La música como construcción. Gavin Bryars.

Por Alejandro Maiza

Cuando se habla de música a veces se queda uno muy restringido con un autor y un solo estilo, pero uno, al igual que en las matemáticas, puede crear varías relaciones entre estructuras musicales distintas, como bien hizo Gavin Bryars, compositor y contrabajista inglés.



Fotografía del gran Gavin Bryars durante una actuación con su trío de jazz.

Este músico ha sabido integrar a la perfección estilos tan distintos como la música neoclásica, la ambiental, el jazz improvisado o la música experimental y minimalista. Ya sea con su grupo formado por Tony Oxley y Derek Bailey o la Porsthmounth Symphony (a la que perteneció junto a Brian Eno) o la Cockpit Ensemble, vemos que su estilo juega mucho con las

propiedades del sonido más rigurosas, como el timbre o la duración de los armónicos más pequeños en la escala tanto dodecafónico como pentatónica. En su estilo esto es esencial; encontrar todo tipo de armonía que, aunque extraña, no sea artificial y empalagosa. También es importante el uso de diferentes términos musicales y su relación, como la indeterminación o la limitación y repetición, que, al combinarlas, genera un sonido muy interesante. Esta concepción, casi pictórica, del sonido fue aprendida por maestros de la talla de John Cage o Morton Feldman y una actuación del contrabajista de improvisación Johnny Dyani, cuyo trabajo le pareció superficial y le hizo interesarse en la composición. Como buen estudiante y licenciado en Filosofía, Bryars sabía que plantearse temas de composición requeriría un conjunto musical lo suficientemente grande para hacerlo, como Kant necesitó más de un concepto que explicasen la razón humana y su funcionamiento. Así pues funda la Porsthmounth Symphony, a la cual se le unirá, durante cierto tiempo, Brian Eno, en la que tocarían temas populares de la música clásica mediante variaciones, aunque esto no le satisfizo lo suficiente. Probaría otra vez, pero esta con un grupo más reducido e interpretarían las composiciones escritas por el mismo Bryars ya maduro y curtido en el mundo de las armonías, que llevan un fuerte carácter minimalista y ambiental. Pero sobre todo tenían que ser muy intelectuales y construidas de una manera muy rigurosa. Suyos son los arreglos instrumentales de las tres variaciones del canon de Pachenbel en el disco "Discret Music" de Eno o el trabajo "A man in a room, gambling" donde las armonías se funden con la voz de Juan Muñoz recitando, en mi opinión, valiosos métodos para hacer trampas. En cuanto al jazz, como en sus trabajos de música instrumental, se aprecia su interés por todo tipo de estructuras; tanto las más primitivas como las más próximas en el tiempo. Y es que, ¿qué si no es la música, el arte en general, sino una cuestión de estructuras?

Si queréis saber más sobre este genio mirad en esta dirección:
http://www.gavinbryars.com/splash

La maravillosa sensación de no tener peso. “Apollo” de Brian Eno


 

Por Alejandro Maiza







Fotografía de Brian Eno durante la grabación de Apollo.



Muchos trabajos de Brian Eno merecen la pena de ser escuchados. "Discret music", "Another green World", etc. pero este es más que llamativo, ya que es toda una innovación en la música popular y culta. Compuesto por Brian Eno a finales de los años ochenta, el disco tenía como fin recrear las sensaciones que Brian vivió junto a su hermano el verano del año 1969. Ambos muy jóvenes, vivieron con suma expectación el lanzamiento del Apollo XIII, así como el descubrimiento de la música country en un programa casi clandestino de música, a la cual Brian añadiría que es la música que, al escucharla "uno se siente ligero, como si el efecto de la gravedad desapareciese con ella". En compañía con su hermano Roger, excelente pianista y pionero e n la creación de la música ambiental usando sistemas científicos, ambos hermanos se plantearon los temas iníciales del disco y empezaron a experimentar con teclados y sintetizadores nuevos, ya que las pistas requerían de un uso especial del sonido del piano. Tenía que ser limpio y claro, y su uso debía de ser muy "rígido" en cuanto a la duración.





El pianista y compositor Roger Eno, hermano de Brian Eno; él también fue un pionero en la música ambiental, así como de otros estilos.

Pero había ya un ligero inconveniente, y era saber quién iba a tocar la guitarra horizontal o "slide". Brian estaba dispuesto, pero en ese momento recurrieron a un grande de la música de guitarra; el guitarrista y compositor canadiense Daniel Lanois. Su estilo limpio y depurado le ha permitido colaborar en proyectos con gente como U2, Peter Gabriel o Bob Dylan. Ambos hermanos quedaron impresionados por la limpieza de Lanois, así como su virtuosismo para la guitarra slide, en la cual realizó ciertos cambios en su estructura y ejecución según iba progresando el disco. También Lanois dejó su sello en temas como "Stars", que Brian incluyo en la estructura principal del disco.



 

Fotografía de Daniel Lanois (arriba) y la carátula de "Apollo" (abajo).El resultado final es asombroso. De verdad el sonido de sus composiciones, de auténtico corte más minimalista que country, consigue llevarte a un estado donde el peso de la gravedad es incluso nulo, consiguiendo un equilibrio. Fascinante es la calidad del sonido. Los experimentos en los teclados Yamaha y en los pianos de cola con cuerda de nylon o metal, aportan un sonido muy fresco a la música. Ya he hablado que hay composiciones que, rompiendo con la bidimensionalidad que se asocia a la música tradicionalmente a veces la rompe para llegar a un auténtico efecto atmosférico. Y este es bellísimo. En esta obra, Brian, Roger y Daniel lo consiguen. Además de que resulta siempre muy agradable de oír y es muy innovador. La NASA, que permitió a ambos hermanos ver sus instalaciones como curiosidad y necesidad de inspiración, utiliza este trabajo tanto para acompañar sus documentales como música de fondo para los científicos que trabajan tanto en las naves espaciales como en las oficinas de control para que se relajen y se concentren en sus obras. Una auténtica obra polivalente.

Podreís ver ejemplos de esta composición si miráis en YouTube:


http://www.youtube.com/watch?v=lOgQyIMX_XU
http://www.youtube.com/watch?v=Q1nEEwuTL0U

viernes, 12 de febrero de 2010

Una fotografía que te haga pensar en la belleza. Walter Peterhans.

Cuando hemos hablado de la Bauhaus, a veces no saltamos a autores que tienen un trabajo muy interesante, pero de los que apena hay información. No obstante, suele ser en estos autores “menores” donde uno encuentra cosas geniales. Este es el caso
de Walter Peterhans.

Nacido en 1897 en Alemania, estudio fotografía por la Academia Estatal para la Industria del Libro y las Artes Gráficas de Leipzig en 1926, después de cursar Matemáticas y Filosofía. Entre sus intereses siempre estaba la geometría y la experimentación formal. Su filosofía, muy marcada por tres autores concretos que son Pitágoras, Kant y Platón, sostenía que la belleza existía independientemente de la
razón humana, y que esta era interpretada por nosotros como arte.




Fotografía de Walter Peterhans como profesor de la Bauhaus en Dessau, bajo la dirección de Hannes Meyer. Peterhans estuvo bajo la dirección de Meyer y, posteriormente, la de Mies Van Der Rohen, tanto en Alemania como en los Estados Unidos de América.

Es más que destacable su particular visión sobre los objetos, con la cual siempre explotaba las capacidades físicas y espaciales de los objetos. Esto le permitió dar una serie de cursos de entrenamiento visual para los estudiantes de arquitectura del Instituto Tecnológico de Illinois, en Chicago, donde además dio clase Mies Van Der Rohen, así como varios profesores exiliados de la Bauhaus tales como el fantástico Moholy Nagy, durante un tiempo Joseph Albers, etc.

Su trabajo fotográfico se caracteriza por la frecuencia de naturalezas muertas y el uso de placas de gelatina de plata, con el cual conseguía efectos de luz muy precisos, al igual que Moholy Nagy, reforzando como la geometría y la composición eran los principales generadores de belleza, y no los detalles superfluos y un poco aleatorios; las fotos no se esforzaban en captar hasta el último detalle de un objeto concreto para que no hubiese confusión alguna en su reconocimiento; es más, a veces las composiciones estaban desenfocadas, y solo se centraban en los campos blancos, negros y grises que generan los cuerpos al ser iluminados con distintas fuentes de luz. Los objetos no cobran una importancia relevante; solo han de tener simetrías muy marcadas o características. Así pues, no es extraño ver una piel de conejo, un huevo o un panel de madera en sus fotografías y nada más.





Obras de Peterhans. Las naturalezas muertas de objetos de marcada simetría y los efectos de luz son las principales características de su trabajo.

viernes, 15 de enero de 2010

Y de repente nació Bob Dylan. Bringing it all back home.

Por Alejandro Maiza

Me encanta Dylan, es una cosa que uno no puede sacarse de la cabeza, ni siquiera por muy sencillo que aparenta ser, como ya sabéis, en especial verlo en concierto, ahí Dylan muestra por qué siempre ha sido tan genial y tan fantástico; su aire pasota, sus improvisaciones, su capacidad de encontrar nuevas melodías que armonicen con lo que la gente busca y lo que el gran Dylan busca, creando una intersección perfecta (me viene a la cabeza su versión de “It´s all over now” en Newport, espectacular y todo un aviso a lo que lo seguían; si se aman a Bob, se ama el cambio, por muy radical que sea) pero saber cuando nace el auténtico espíritu de todo su trabajo, la esencia de Bob Dylan, lo que le hace digno de seguir es en el disco “Bringing it all back home”, donde cada acorde, cada ruido, cada verso y sonido de armónica nos dice que el que lo interpreta ya ha pasado algo y ha visto cosas nuevas. El mismo Dylan diría que, aunque en “The Freewheelin” ya estaba a punto de definir su estilo, sería en este trabajo donde “me encontré como cantante y persona”. Ya suena muy distinto a todo lo que hizo antaño el cantante de Duluth.



Fotografía de Bob Dylan, durante el periodo de grabación de “Bringing it all back home” trabajando en sus letras en casa; el café, el tabaco y el vino le acompañaron durante horas y horas, así como su máquina de escribir, para crear el disco más interesante, aunque no tan conocido, de la historia del rock and roll. Por cierto; si os fijáis en la mesa del fondo, se ve una escuadra y una regla en T. ¿Quién dijo que Dylan no mostraba cierto interés por la geometría?

Dylan trabajó mucho en este disco, y el resultado no es decepcionante, sino algo maravilloso. Junto a “The Freewheelin” es el que marcaría a Dylan. Todo él es cambio. Por ejemplo, suena guitarras eléctricas en el tema maravilloso “Maggie´s farm”, o el piano eléctrico en la dinámica “On the road again”, donde realiza espectaculares solos de armónica. Esto le llevaría en Newport a recibir una serie de abucheos por parte del sector más conservador de la música protesta; ¿Cómo el joven Mesías de la música popular iba a utilizar los voltios, esa maldición de jóvenes desquiciaos y músicos de blues ya algo “idos”? La respuesta era muy sencilla; “Todo está superado, nena triste”, canción con la que finaliza el álbum, “It´s all over now, baby blue”, auténtico tema que pone los pelos de punta, y que emociona. Esta canción es encantadora cuando te olvidas de todo prejuicio anterior asimilado antes de escucharla y estas dispuesto a pasar a otro nivel; yo tarde mucho en descubrir su significado, como lo ocurrido en nuestra vida no es más que los eslabones de una cadena de cambios que continua y continua, nunca dando por supuesto que acaba, representado cuando a la heroína de la canción se le presenta un “vagabundo vistiendo las mismas ropas que tú”, teniendo que continuar con su viaje a ninguna parte.

Tenía un amigo que me decía que este tema es como el paso que se dio en el siglo XX en la física; sin las herramientas necesarias ni con los suficientes argumentos conceptuales para hacerles frente, el movimiento tridimensional de los electrones en los orbitales, la dualidad onda-partícula, la relatividad general y especial, las ondas electromagnéticas, la teoría de la súper gravedad, la de las supercuerdas, te hacen ver una belleza muy difícil de definir y explicar. El instituto no me había dado estas herramientas, e impulsado por el propio Dylan, te hace buscar y rebuscar; los problemas de América con la pobreza, la falta de esperanza, y otros más técnicos como los acordes de una guitarra, ejercicios para tocar la armónica… todo para ver que era necesario un paso en la música popular, que había que hacerla tener el mismo rigor que las matemáticas (a las cuales Dylan siempre había sentido cierta admiración, en especial a la geometría y a Galileo, llegándolo a nombrarlo en un tema de “Highway 61 Revisited”, pero esa es otra historia) y recurrir a estructuras musicales más complejas y originales, tanto en la instrumentación como en la lírica.



Portada de “Bringing all back home”.

La poesía de Dylan se hace muy aguda, sutil, clara e irónica, llegando a ser el punto de donde nace la auténtica magia de su estilo. Ya en ellas se percibe una influencia de poetas de la talla de Poe, Rimbaud y, en especial, de Dylan Thomas y William Shakespeare, cuyo trabajo admiraba y estudio durante años y años, llegando a tomar el nombre del poeta galés. Aun se percibe la influencia de Woody Guthrie y el mundo del folk americano, pero pasarían a integrar el complejo mundo del joven en vez de centrar toda su creatividad.




Bob Dylan con Joan Baez en el año 1965-1966, ya finalizada la grabación del álbum.

Pero las melodías ya es donde radica la diferencia; son rigurosas, repetitivas, serias y variadas. Cuesta mucho decir si es un blues, un rock lento, una folk, porque todas tienen una interpretación especial en su ejecución, haciéndolas muy personales. Por ejemplo, ahora me viene a la cabeza dos temas del disco que me acompañan a donde vaya: “Mr. Tambourine man” y “Love minus zero/ No limit”, se les puede asociar al folk, puede que al country si se me estira mucho, pero no sonara ni folk ni country, suena a algo distinto y las letras ya no son sencillas, sino que están plagadas de juegos de palabras y símbolos, utilizando un lenguaje complejo y muy interesante. Si no me creéis, podéis oírlo en:

http://www.youtube.com/watch?v=2-A8dnG30O8&feature=PlayList&p=24A1AEF014E2460E&index=6
http://www.youtube.com/watch?v=HH46sruy-XE
http://www.youtube.com/watch?v=pXkbjZvwxiw&feature=PlayList&p=24A1AEF014E2460E&playnext=1&playnext_from=PL&index=13
http://www.youtube.com/watch?v=OAQ7GsDzx8Q&feature=PlayList&p=24A1AEF014E2460E&playnext=1&playnext_from=PL&index=9

Dándonos un viaje de auténtico jazz. “Day Trip” de Pat Metheny Trio.

Por Alejandro Maiza

Por Pat Metheny uno solo puede sentir amor por su música y la alegría de su forma de ser. Su música es igual que él; innovadora, despreocupada y genial, aparte de muy fresca. Y esto lo refleja muy bien en su trabajo “Day Trip”, del año 2008, un trabajo bastante reciente y aun más interesante de este genial músico.






Fotografía de Pat Metheny (arriba) y la caratula de “Day Trip” (abajo). Todos los temas fueron compuestos, sin excepción por el mismo Patrick.

Este trabajo reúne temas como “Dreaming trees”, “Day Trip” que es espectacular, “The Red One” o “When We Were Free”, todos compuestos por Metheny. En todas las pistas reconocemos su carismático rigor y su imaginativa para la guitarra, con la cual consigue unos efectos muy elegantes y dinámicos. Es sensacional escuchar su “Is this América?”, compuesta tras el ciclón del Katrina, que barrió por completa la ciudad del jazz y el blues, Nueva Orleans, así como varios terrenos cercanos a ella. A parte del tono ciertamente melancólico, se aprecia un haz de alegría y serenidad que apenas otros compositores podrían conseguir, además de oír composiciones muy complejas, propias del jazz de Miles Davis o Charles Mingus, pero también ciertos uso de guitarra más semejante a Robert Fripp o cualquier músico experimental. Es muy gratificante oír su trabajo en el campo del jazz, ya que tiene mucha variaciones y ritmos que rompen con lo convencional, más haciendo guiños al swing y al jazz más primitivo, como el de Louis Armstrong o George Lewis.

Pero no solo la guitarra de Pat es interesante; junto a él están la fantástica batería de Antonio Sánchez y el contrabajo de Christian McBride, los cuales, que cuentan con una experiencia muy amplia y un auténtico conocimiento de las estructuras de jazz clásico como moderno y música de otro tipo, como ambiente, experimental o clásica, le dan un toque elegante y exótico al trabajo de Metheny que a veces se vuelve un poco denso. Pienso ahora en la última pero fuerte “Day Trip”, donde cada uno de ellos muestra de que pasta están hechos y consiguen unos ritmos muy interesantes, de marcada influencia latina y de swing, pero aportando estructuras musicales que me recuerdan al minimalismo de Glass o Reich, en especial al del segundo, por su marcada influencia con este estilo. También aparece este hecho en “At Last You´re Here”, donde el contrabajo, la guitarra y la batería se intercalan produciendo unos efectos geniales.



El Pat Metheny Trio al completo, un par de meses tras acabar con el “Day Trip”; de izquierda a derecha Pat Metheny, Antonio Sánchez y Christian McBride, auténticos virtuosos tanto del jazz más tradicional como del experimental.

La sensación de espacio de Metheny y sus músicos en este trabajo recuerda mucho a la de Neil Young, pero con un toque más riguroso y con la gracia del estilo del jazz experimental, además de que la simetría y los juegos de escalas, dan a este disco un toque especial, muy difícil de definir, pero fácil de apreciar. Pero la música de

Pat exige escucharla, por eso os acerco lo siguiente, a ver si os gusta:

http://www.youtube.com/watch?v=oEoMmB8M8Vg&feature=PlayList&p=A2E6E6313D7D1691&index=0&playnext=1
http://www.youtube.com/watch?v=7ViCxL_2PKQ&feature=rec-LGOUT-exp_fresh+div-1r-6-HM

lunes, 11 de enero de 2010

Abejas, estrellas y, por supuesto, números. “Drowning by numbers” de Michael Nyman.

Al igual que la banda sonora de “Cal” elaborada por Mark Knopfler tiene una carga intelectual muy fuerte y es de recursos minimalistas, este trabajo de Michael Nyman, uno de los padres fundadores de la música mínima, aunque como Glass o Reich negó por completo pertenecer a este movimiento, es uno de los mejores ejemplos de música matemática.



Fotografía de Michael Nyman ante el piano y números, tan brillantes en su trabajo como las estrellas, que aparecen al fondo. Yo creo que esta fotografía refleja a la perfección el metódico trabajo de Nyman.

Estrenada a finales de los años ochenta, la película de Peter Greenaway utiliza muchos recursos ingeniosos, propios del Surrealismo o el Dadaismo, pero con un agudo sentido del orden y de la armonía. Toda la película puede ser vista, gracias a la música y a las sutiles imágenes y cambios de escenas, ya que todo invita a una continuidad y una sutileza muy difícil de reconocer en trabajos contemporáneos de autores de la misma época que Nyman y Greenaway. Ahora me viene una imagen de la película, yo creo que es la más bonita, de una niña, que saltando a la comba, se pone a numerar por un número y su nombre a cien estrellas, mientras saltaba siguiendo el ritmo de la cuenta. Cuando terminaba, una anciana le preguntaba que estaba haciendo, la niña le respondía que contar cien estrellas, y la anciana, algo aguda, le dice: “Pero si hay más de cien estrellas.” A lo que la joven le responde: “Sí, pero a partir de cien, todo es igual”. En esta escena, aunque aparentemente tonta, está guardada mucha inteligencia: en matemáticas, en especial análisis y la rama de cálculo infinitesimal, se dice que el secreto de toda sucesión apenas sobrepasa los cien números, y que solo los cinco primeros nos indica hacía que valor tenderá la sucesión al infinito; vulgarmente este fenómeno se conoce como la búsqueda del término general. Aparte de esta referencia matemática el autor muestra como todo de la realidad puede abstraerse en un valor cuantitativo, aunque esté muy lejos y no sea más que un solo punto de luz. Además, el autor hace que veamos la belleza de números tan simples que a veces se nos escapan, tales como el 33, el 58 o el 44, y como el ritmo, presente en la cuerda, la armonía en la imagen y el color en el vestido de la chica, en los puntos de las estrellas, nos abre la mente a apreciar bellezas sutiles que a veces se nos escapan en nuestras manos y ojos, ya que no podemos verlas y admirarlas en su momento adecuado, con la capacidad adecuada y como se lo merecen.



Cubierta de “Drowning by numbers” y la lista de temas del disco y la película.

En cuanto a la música poco nuevo hay que decir. Nyman emplea diversas simetrías musicales, como el autor indicó, en especial con dos tipos de simetrías radiales llamadas L8 y L5, que generan patrones planos, al igual que Wolfang Amadeus Mozart, autor que admira y usa para estudiar y componer mucho, obteniendo juegos de sonidos muy serios y depurados. Las piezas “Drowning by numbers” 2 y 3, o la segunda composición, “Sheep and Tides”, que se asemeja mucho a una composición mozartiana o de Bach. También sorprende la cantidad de movimiento que recibimos de estas piezas, por ejemplo, en la composición llamada “Bees in trees”, que da la sensación de un montón de abejas moviéndose de un árbol a otro, volando entre sus ramas. Todo ello partiendo de una melodía principal, los auténticos troncos de la composición Es algo fantástico. Pero se disfruta más oyendo y viendo, por eso os acerco estos en laces de la película y unas versiones de los temas del disco, espero que os gusten.

http://www.youtube.com/watch?v=3GNMwepKFsc
http://www.youtube.com/watch?v=qsfwkYe7RKM&feature=PlayList&p=10E7E367E84C56D4&playnext=1&playnext_from=PL&index=15
http://www.youtube.com/watch?v=zQ3f8e8ivF8&feature=PlayList&p=10E7E367E84C56D4&playnext=1&playnext_from=PL&index=13
http://www.youtube.com/watch?v=tDTqwWtPjSQ&feature=PlayList&p=36448E6A0ED9B6E7&playnext=1&playnext_from=PL&index=51

El “primer” escritor matemático. Edgar Allan Poe.

Muchas veces se le considera el escritor maldito, el escritor estúpido y, el que más me gusta, el escritor “torturado por su propio genio”. “Todo lo que digamos de Poe no conseguirá ni etiquetar el borrón en su primer verso escrito” palabras de Stephan Mallarmé, poeta que se formó tras un intenso estudio de Poe y estuvo tradujo al francés la obra de este genio, al igual que Charles Baudelaire. Con Poe el lenguaje escrito es diferente y busca cosas totalmente distintas. Junto a Kafka y a James Joyce, Poe entra en el grupo de los científicos de la prosa, como se les llama a veces con cierta ironía, ya que el lenguaje usados por ellos es como el científico; el lugar que ocupan las palabras, el rigor con que las usan y los fines que buscan alcanzar hace que un fragmento de sus textos se asemeje mucho a una ecuación sobre las sucesiones de Cauchy buscando el épsilon más pequeño posible para demostrar que son convergentes o un problema de Física. Se han buscado muchas correspondencias con el omnipresente Wittgenstein, y no se equivocaban, ya que el cuestionamiento y uso del lenguaje de Wittgenstein es muy similar al de Kafka, así como su tendencia al individualismo, al minimalismo expresivo y a una visión pesimista del mundo que ambos compartían.



Fotografía de Edgar Allan Poe.


Puesto que la obra de Poe es extensa, muy variada y rica, hemos de reducir algo para llegar a lo queremos; una idea principal del nacimiento de un método de escritura “poetiana”. Así pues, podemos distinguir del método de Poe dos aspectos fundamentales.


En primer lugar, la frase de Poe de que él escribía “cundo quería, sin hacer caso a la inspiración”. Así pues, tenemos que Poe elimina el 80% de los elementos casuales de su obra y estructura a priori sus intenciones. Tenemos como la imaginativa del genial escritor es “programada” para cumplir lo que él se propone. Se señala muchas veces que Poe estuvo trabajando durante un intervalo de tiempo destacable como redactor y corrector de artículos científicos, llegando él a realizar algunas láminas relacionadas con la naturaleza de los bivalvos, los peces y algunos ensayos, no muy adecuados, de lógica matemática. Así pues, Poe aprendió a como una puede ser desarrollada tras una profunda meditación una idea, pudiendo trabajar en ella cuando quisiese. Según amigos y gente que pudo ver trabajar a Poe, no escribía en un momento adecuado o concreto, sino que lo hacía donde y cuando él quería (al final de una comida, después de un paseo por el parque mientras descansaba en un banco o cuando trabajaba en la redacción del periódico de Boston, mientras descansaba de escribir sus artículos de crítica y relatos cortos.) ya que tenía un esquema con la idea global del texto y unos apuntes necesarios para empezar a trabajar. Hay una cosa que no se dice de Poe, y es que siempre mostró un interés elevado por las ciencias más rigurosas, tales como la astronomía, la física, las matemáticas y la criptografía, llegando a dominarlas con cierta soltura e incluso a atreverse a tratar en profundidad problemas como la estructura física del universo o descifrar páginas de códices mayas y de Leonardo Da Vinci. Podemos deducir, por lo dicho ahora y antes, que Poe aprendió a “matematizar” su trabajo. Charles Baudelaire se dio cuenta de este fenómeno, y dijo lo siguiente:

<> En una palabra, la poesía del norteamericano era «profunda y reverberante como el sueño, misteriosa y perfecta como el cristal».




Manuscrito de Poe para el poema “The Spirits of the Dead”. Se aprecia como la disposición de los versos, siempre cuidada y muy meditada, revela la complejidad de su sistema creativo.

No es que Poe acertase al cien por cien todas sus predicciones cosmológicos; por ejemplo, en “Eureka”, un libro que es fascinante por la imaginativa y el rigor de la palabra, está plagado de errores de cálculo y supone formas geométricas en el movimiento planetario que son totalmente imposibles de concebir a no ser en un universo donde la gravedad y el movimiento de los planetas sea distinto que el nuestro, pero Poe mostró como el método científico, al que había prestado cierta atención (no mucha según sus palabras, ya que quería algo entendible para muchas personas) podría ser un buen modelo para construir otro modelo artístico, caracterizado por el rigor y la imaginativa.


Importantísimo tener en cuenta esto otro. La visión de Poe no solo es pesimista, sino también es irónica. Se ríe en cierta manera de todo lo desgraciado que le pasa a la humanidad. Lo podemos ver en su texto “El escarabajo de oro”, el protagonista principal de la obra, en donde también aparecen códigos que se han de desentrañar, por cierto, pasa de ser un manojo de virtudes morales y éticas, y se convierte en un monstruo violento y racista a causa del dinero, o eso es lo que nos hace creer, ya que quería engañar a su amigo, que le consideraba en baja forma mentalmente. En su pequeño, pero muy hermoso e inteligente, cuento llamado “el retrato oval”, critica un concepto más metafísico que técnico que sobrevuela el arte desde hace tiempo; la obra de arte terminada. En el texto, un obsesivo pintor quiere hacer el retrato de su bella esposa, que tras horas y horas de posados no consigue ser plasmada con toda fidelidad en el lienzo, y cuando lo consigue, la mujer ya a fallecido. Poe no quiere dejar un solo títere con cabeza, así pues, hizo como todos los grandes filósofos y científicos de ese siglo; decir al ser humano cual es el sitio que le corresponde, que todo lo que considera como verdadero y único es fruto de su imaginación y que por debajo de lo brutal, del sinsentido aparente o de la crueldad irracional, siempre hay una explicación coherente, que crea un entorno bello y armónico en un mundo despiadado.

El wittgensteniano de nuestro tiempo. Joseph Kosuth.

El otro día me sorprendió saber que uno de mis artistas conceptuales favoritos, junto a Bruce Nauman y Matta Gordon Clark, Joseph Kosuth seguía vivo y, aunque sin la actividad frenética y desmedida de antaño, permanecía en activo haciendo obras menores y escribiendo artículos para revistas artísticas y filosóficas. Esto me alegró, ya que es un artista de los que la humanidad necesitaría décadas de estudio, además de ser, como Nauman, un adicto a este bello y sutil universo que es la ciencia matemática y también la física.




Fotografía relativamente reciente de Joseph Kosuth.

Dentro de la obra de Kosuth podemos ver varios propósitos; investigar las relaciones léxicas del lenguaje científico y el cotidiano, el problema de los ordinarios, las relaciones formuladas antaño por Saussure del lenguaje como un compuesto de significados y significantes… pero uno siempre está presente, en especial desde que Kosuth estuvo en contacto con el grupo de Art & Language, nacido en Inglaterra, que es explorar la naturaleza del arte y contribuir, a través de extensos análisis, a resolver el problema de su identidad. Estos artistas, tanto Kosuth como A&L, para abreviar, partieron de un autor en común, que se propuso hacer lo mismo con el lenguaje y los fundamentos de la lógica; Ludwing Wittgenstein, el gran representante de la filosofía del lenguaje, representante del movimiento de segunda generación del Círculo de Viena, continuando el trabajo de gente como Rudolf Carnap, además de que trabajó tanto la filosofía como las matemáticas, la ingeniería aeronáutica (patento un modelo de hélice frontal que proporcionaba un despegue rápido), así como un diseño del gotero de las sondas de hospital modernas. También estuvo estudiando música, y mientras fue profesor en Cambridge, se aficionó al género “western”, queriendo hacer una película que nunca llegó a escribir ni dirigir.



Fotografía de Ludwing Wittgenstein como profesor de Cambridge.

Así pues, y también con una sospechosa influencia salida de la boca de Nauman de los analistas rusos de principios del siglo XX y finales del XIX, Kosuth elaboró en su primer grupo de obras, englobadas con la etiqueta “First investigation” una serie de obras en las que juega con la relación significado-significante, como muestran sus piezas en las que con un objeto real aparece junto a una impresión a gran escala de una definición del diccionario y una fotografía de otro similar. Así pues, tenemos reglas, sillas, y otros objetos con varios significados que están comprimidos en un objeto y su representación fotográfica. Así pues, vemos como el objeto representado y el objeto que lo representa a veces muestra sus discrepancias, no siendo siempre el mismo, y generando las famosas parábolas e incongruencias del lenguaje. Dentro de este grupo hay otras obras, más interesantes en su versión estructural y menos densas de entender que estas, además de que tienen un componente cómico muy pronunciado. Con neón de colores, Kosuth construye frases tal que se corresponda con el significado. Por ejemplo, tenemos una frase de cuatro colores, que reza “A four color sentence”, creando una similitud entre el significado de la frase, como se construye la frase y sus elementos. En matemáticas, aplicando la teoría de conjuntos, podíamos decir que hay una relación de equivalencia entre los elementos del conjunto “colores de la frase”, “significado de la frase” y “construcción de la frase”.

Sus posteriores trabajos ya son más complejos, y se sumergen en una búsqueda puramente conceptual, investigando conceptos como “infinito”, “arte”, “vida” y son de una complejidad muy elevada. Como filósofo Kosuth consiguió un estilo muy depurado en su prosa, y llegó a ser, junto a Robert Barry y Lawrence Weimer, uno de los teóricos del arte conceptual, además del miembro más joven de ellos. Su obra filosófica más importante se llama “Art after philosophy”, en donde propone una visión del arte que rompe con las demás; pasar de la filosofía y la ciencia al arte, observando todos los procesos artísticos como un conjunto de operaciones físicas, matemáticas y semánticas.





Imágenes de algunos trabajos con neón de Kosuth. Estos son una muestra de su brillante mente y su depurado y bello estilo. Nauman intentaría hacer trabajos muy parecidos a los de Kosuth, un par de años más joven que él, pero se rendiría, admitiendo que “la mente de Joseph [Kosuth] era mucho más aguda en ellos” que la suya, palabras propias de Bruce.

lunes, 4 de enero de 2010

Django Reihardt y Pat Metheny: distintas epocas y mismo estilo de musica.

Django Reihardt: 


Jean Baptiste "Django" Reinhardt (1910-1953), guitarrista de jazz belga.Se crio junto con su familia, de origen gitano, cerca de Paris . Ciertamente, Django fue autodidacta y no sabia leer ni escribir, lo que hizo que las primeras grabaciones  apareciesen firmadas por un tal "Jango Renard".Pero posiblemente su vida y su carrera musical no quedaron marcadas hasta 1928, debido a un accidente en el que casi queda lisiado. Sucedio que su mujer vendia flores de celuloide, material muy inflamable; y una noche Django creyo oir un raton y lo persiguio con una vela. Unas gotas cayeron en las flores e inmediatamente todo quedo envuelto en llamas. Django y su esposa se salvaron del fuego pero al guitarrista le costo caro ese accidente: las quemaduras en su pierna eran tales que casi se la amputan y dos de sus dedos de la mano izquierda  quedaron inutilizados. Pero Django supo salir adelante y creo un estilo propio y muy original: el jazz "manouche", que es el nombre de los gitanos franceses. Junto con el violinista frances Stéphane Grappelli graba numerosos discos y tambien graba, tras la liberacion de Francia (la expulsion de los nazis) con musicos americanos. Se va a Estados Unidos y toco la guitarra electrica, pero no le fue tan bien como en los viejos tiempos. Murio en Francia, en el 53, de una hemorragia cerebral. Asi se fue uno de los grandes genios de la guitarra que nunca escribio partituras, como le dejo claro a Andres Segovia.Pero su habilidad, su gran capacidad de expesar sentimientos hizo que su reconocimiento fuese mayor aun que el del gran guitarrista español, o como diria el poeta frances Jean Cocteau : 
 “ Esa guitarra que se ríe y llora, guitarra con voz humana.”
 Pat Metheny:

Patrick Bruce Martinez, o Pat Metheny (1954-), guitarrista de jazz. Nacido en una humilde familia de taqueros, Metheny comienza tocando la trompeta a los 8 años y se pasa a la guitarra a los 12 . A la temprana edad de 15 años Metheny ya tocaba con musicos reconocidos y con 18 ya era profesor de musica en la Universidade de Miami. A lo largo de los años, ha colaborado con musicos como Gary Burton, Steve Reich y David Bowie, ampliando el circulo del jazz con la musica minimalista. Ha ganado unos 17 Grammys y es considerado el Mejor guitarrista de Jazz. En estos ultimos años, ha bajado un poco su numero de giras debido a una infeccion en el oido. Sus albumes,desde 1976:
  • Bright Size Life (1976)
  • Watercolors (1977)
  • Pat Metheny Group (1978)
  • American Garage (1979)
  • As Falls Wichita, So Falls Wichita Falls (1981)
  • Offramp (1982)
  • Travels (1983)
  • First Circle (1984)
  • Works (1984)
  • Still Life (Talking) (1987)
  • Letter From Home (1989)
  • The Road To You (1993)
  • We Live Here (1995)
  • Quartet (1996)
  • Imaginary Day (1997)
  • Speaking Of Now (2002)
  • The Way Up (2005)
  • New Chautauqua (1979)
  •  Secret Stories (1992)
  • Zero Tolerance For Silence (1994)
  • One Quiet Night (2003)
  • Beyond the Missouri Sky   (1997)
  • Jim Hall & Pat Metheny (1999)
  • I can see your house from here  (1994)
  • The Sign of 4, (1997)
  • Like Minds (1999)
  • Upojenie(2002)
  • Metheny Mehldau(2006)
  • Metheny Mehldau Quartet(2007)
  • 80/81(1980)
  • Rejoicing[((1983))]
  • Song X,  (1986)
  • Question And Answer (1990)
  • Trio 99 → 00, (2000)
  • Trio → Live(2000)
  • Day Trip (2008)

El príncipe y la princesa del jazz. Miles Davis y Anjani Thomas.

El jazz tiene una estructura a veces muy elegante, otras veces es tan elegante que tiene el rigor de una composición clásica o contemporánea, resultando estéticamente placentera que hay matemáticos o físicos que lo disfrutan, como le pasa a Feynman con el cool jazz o Einstein con la música de Louis Amstrong, un autentico genio que reconocía a otro genio. Así pues, me gustaría hablar del jazz de Miles Davis y el de Anjani Thomas. En este caso, el estilo, muy elegante e inteligente de ambos músicos, les hace destacar por encima de mucho de sus compañeros de generación, llegando a ser considerados como unos auténticos “príncipes” del jazz.
Del primero ya se sabe que se admira especialmente en este sitio, ya que lo hemos citado para casi todo, y mi hermano le hizo una auténtica entrada dedicada a él, a Coltrane, y no me acuerdo que músicos más, que le llevó más de cuatro post. Yo voy a comentar un poco lo principal de su trabajo.





Fotografía de Miles Davis (arriba), un auténtico trompetista, de la clase de Chuk Mangioni y Dizzy Gillespy, trabajó todo los estilos del jazz, y sentó las bases del jazz electrónico y el jazz-rock, bien acogido por grandes de la música como Mark Knopfler, Duane Allman o Peter Gabriel. Anjani Thomas (abajo) no tiene una carrera tan variada como Miles, pero sí que hizo grandes experimentos mezclando el jazz con la música religiosa y el rock. El nivel de elegancia y rigor alcanzado por cada uno de ellos en su trabajo es más que digno de recordar.


Miles Davis empezó con sutiles baladas que luego iría depurándolas hasta alcanzar un estilo próximo al be boop, llegando a tocar junto a una de sus estrellas, el increíble saxofonista Charlie Parker. Después, evolucionaría su estilo hasta alcanzar una depuración técnica, que le haría ser considerarlo como uno de los representantes del cool jazz, movimiento que englobaba a grandes como el pianista Theolonius Monk, el increíble saxo de John Coltrane yal bajista, compositor y también poeta, Charles Mingus, hacía los cuales siento una admiración semejante a los matemáticos que me gustan. La gran obra de miles, el disco “Kind of Blue”, que cuenta con los geniales músicos John Coltrane, Bill Evans o Jimmy Cobb, muestra como la improvisación puede ser muy rigurosa y estéticamente muy elegante, además de buscar nuevas estructuras en el jazz que permitiesen al músico llegar a otras clases de composiciones; en todos los temas vemos como aparecen progresivamente estructuras que no son totalmente “jazz”, sino que ya nuevas. Aparte de eso, fue concedido por la crítica, la sociedad y los músicos como todo un hito digno de entrar en la Historia de la música. Por ejemplo, Duane Allman y Dickie Betts, recuerdan haber quedado de jóvenes tan encantados con el disco de Miles que decidieron hacer una interpretación de él con sus guitarras. A Miles le gustó la idea (le comunicaron en persona su cometido), pero no pudieron completar el trabajo, ya que no sabían cómo terminarlo de la manera en la que lo hizo el trompetista y compositor.





Portada de “Kind of Blue”. El disco absorbió más de un mes de grabación y casi toda una vida de elaboración (aun terminado, a Miles siempre se le ocurrían nuevas partes para el disco, o bien no terminaba de sentirse satisfecho del todo con su obra), pero supuso una autentica revolución del jazz, que además fue bien acogida por un amplio sector de la sociedad. Este año se recuerda las cinco décadas de vida de esta titánica obra, famosa por ser rompedora y estéticamente de una belleza suprema.

Después de “Kind of Blue”, Miles buscó nuevos campos en el que trabajar, y empezó la elaboración de su trabajo más personal e interesante. La fusión del jazz con el rock. Le interesaba muchísimo el trabajo de los músicos de rock más característicos de la época, en especial Jimmy Henrix, con quien siempre quiso tocar. Así pues, en colaboración con Marcus Miller, el gran y polifacético bajista, pianista, clarinetista, saxofonista y un largo etcétera, grabó el álbum “Tutu”, una autentica joya de la música experimental, donde hay temas como “Tutu”, fantástico hasta decir basta, y “Hannibal”, siempre sorprendente. También hay trabajos geniales de Miles, como la versión “Time after time” de Hypman y Lauper, que es totalmente sobrenatural, ya que consigue unas piezas de increíble complejidad técnica, pero que aún conservan ese destello sentimental, siempre claro e intenso, recordándome a Mozart, la sería estructura matemática combinada con el impulso humano.



Marcus Miller en concierto. Gracias a su colaboración con Miles, el jazz llegó a extremos insondables.

Miles está más que presente en trabajos como los post que muestro aquí, expuestos como un mero resumen de su maravillosa mente y la elegancia de su trabajo, así como el consiguió depurar su estilo desde la publicación de “Kind of blue” hasta sus últimos experimentos con la música electrónica:

http://www.youtube.com/watch?v=XGrUDAzlXzI
http://www.youtube.com/watch?v=00tzcnyDL68
http://www.youtube.com/watch?v=f4AJ2Z-lhoM

Anjani Thomas tiene una historia muy de músico de jazz. Nació en Hawái, donde aprendió a tocar el piano clásico y de jazz con músicos de la órbita de Bud Powell, así como la guitarra y llegó a un dominio de su voz destacable, muy dulce y sería al mismo tiempo. En Nueva York trabajó con muchos músicos, entre los que se encuentran Carl Anderson y Stanley Clark, pero encauzó su trabajo como corista y arreglista de coros para los discos de Leonard Cohen, con quien trabó una profunda amistad, y un trabajo en común muy productivo. Podemos escuchar la voz de Anjani y su trabajo como corista y arreglista de estos complejos coros en los discos “I´m your man”, donde además es pianista, “Various Positions” y el oportunista pero delicado “Dear Heather”. Cohen compuso una canción especial para ella, “Blue Alert”, que interpreta a la perfección y consigue aportar el estilo elegante y muy reflexivo que es propio del músico canadiense.




Anjani y Leonard Cohen. Su trabajo en común se prolongó durante décadas y décadas, llegando a ser recordada como una de las coristas e instrumentistas más próximas al músico y poeta.

Sus otros trabajos, en especial “The Sacred Names”, aparecido en el año 2000, su mejor trabajo de jazz con música religiosa, es una de sus obras maestras, y la que mejor muestra lo elegante que es su trabajo sin caer en la densidad. Podeís gozar de su voz y su habilidad al piano en estas entradas:

http://www.youtube.com/watch?v=UqXkc3jYc94
http://www.youtube.com/watch?v=vmfxf1DLLkM

“Las leyes físicas deben tener la simplicidad y la belleza de las matemáticas.” Paul Dirac y reflexiones sobre matemática, arte y ética.

Cuando fue invitado a dar una conferencia de filosofía de la física, el físico relativista solo se puso en pie y escribió la frase con la que abríamos esta entrada en la pizarra del entarimado. Algo que parece una tontería, un sinsentido propio de un excéntrico que no sabe de lo que hablar y decide irse después de hacer una payasada. Nada de eso. Dirac fue un gran físico, sus contribuciones a la mecánica cuántica fueron más que destacables, y de las cuales vamos a hablar, así como de un poco de este titán de las matemáticas y de las ciencias positivas.

Paul Adrien Maurice Dirac, Paul Dirac para quienes somos sus amigos (mentira, era solo broma; me hubiese encantado conocerlo, de verdad.) fue un físico inglés, de orígenes suizos, famoso por sus contribuciones a la física cuántica y a la aplicación de sistemas matemáticas para el estudio de movimientos de partículas subatómicas. Ya con su doctorado, Dirac consiguió unir el trabajo de los dos grandes físicos de la mecánica cuántica, Werner Heisemberg y Erwin Schrödinger, en un solo modelo matemático, que como buen algebrista que era, que asocia cantidades medibles con los operadores de un espacio vectorial de Hilbert y describe las propiedades físicas del sistema.




Fotografía de un joven Paul Dirac.

La otra joya aportada por Dirac al mundo de la física de partículas viene dada en su “ecuación de Dirac”. Esta ecuación, cristalizada tras un largo trabajo sobre los espines no relativistas de Pauli (movimientos que realizan los pares de electrones de un determinado átomo), el gran Paul consiguió obtener la ecuación relativista de un electrón, permitiéndonos comprender la dinámica de este ya en esferas de conocimiento superiores. Con este trabajo Dirac pudo predecir la antipartícula del electrón, el positrón, y abrir una dimensión totalmente desconocida en el mundo de la física cuántica, tan complejo y hermosos que aun hoy es totalmente imposible para una sola persona entenderlo del todo.

Todos estos y trabajos dieron jugosos resultados y aun más recompensas; Dirac publicó en el año 1930 su “Principio de la mecánica cuántica”, un libro maravilloso, delicado y altamente instructivo. Algunos consideran que el libro fue dictado por un ser supremo y Dirac lo hizo claro de lo correcto que es. A partir de aquí le fue concedida la Cátedra Lucasiana de matemáticas de la Universidad de Cambridge, así como el premio Nobel en el año 1933 por su contribución al desarrollo de nuevas aplicaciones de la física atómica destinada para otros fines (lástima que algunos muy desastrosos, pero otros bastante importantes y dignos de ser recordados, como la fabricación de instrumentos de investigación con escalas muy reducidas) y que compartió orgullosamente con Schrödinger. El carácter modesto de Dirac ha sido más de una vez reseñado, y no solo con Schrödinger, sino también con Fermi o Heisemberg. A todos ellos les ha incluido en el nombre de sus ecuaciones y en el reconocimiento de haber llegado tan lejos. También le fue concedida una tumba junto a uno de los titanes de la Física, Isaac Newton, del cual ya sabéis que tengo una especial admiración por su trabajo y su estilo matemático.

El trabajo de Dirac, aparte de ser útil para otros campos de investigación, es muy sutil e interesante para aquellos que queremos que nuestras peripecias geométricas y algebraicas en el campo del dibujo y la acuarela lleguen a algo estable y se nos criticas por ello, diciendo que somos insuficientes en nuestros planteamientos. Cuando leí la frase, la única y lo única que dijo en todo el congreso de filosofía de la ciencia en la U.R.S.S se me ocurrió modificarla un poco e instaurar un nuevo axioma para el arte experimental:

“Toda obra de arte debe de tener la simplicidad y belleza de las matemáticas.”

Y dada la intemporalidad de las matemáticas y de los razonamientos claros como este podemos construir el siguiente axioma ético:

“La vida misma debe tener la simplicidad y la belleza de las matemáticas.”

Aunque con los tiempos que corren esto es algo difícil.

Su pasión fue siempre las matemáticas, era algo que Dirac admiraba (tan pronto como se licenció en ingeniería, se matriculo en matemáticas en la universidad de Bristol) y sabía que era lo que permitía en todo y a todos pensar las cosas de una manera clara, así como profunda. Todo artista que se mueva en pos de la belleza debería entender estas sabias palabras de Dirac. Así pues, si estas encuentras resonancias en la física, ¿Por qué no hacemos que las encuentre en el arte? Si creamos un arte geométrico que se ocupe del espacio, las relaciones tiempo-forma-espacio, podríamos llegar a una disciplina con el mismo rigor que las matemáticas, y por lo tanto igual de bella y honesta.



Dirac ante la pizarra con un esquema del movimiento del electrón en los átomos de hidrógeno.

Belleza y simetría natural. Daisetsuzan.

Cuando hablamos en este blog de belleza, siempre hemos hablado de la matemática, y casi siempre la hemos relacionado con aspectos artificiales de la realidad. El arte, las máquinas, etc. Salvo con Smalley no hemos hablado de una belleza simétrica, ordenada, y de bellos colores que no haya sido creada por la mano del hombre. El otro día, observando un número pasado ya hará un año de la revista National Geographic, vi un reportaje sobre el parque japonés de Daisetsuzan, situado en el corazón primigenio de Hokkaido, este parque cuenta con más de 2300 kilómetros cuadrados en donde podemos encontrar todo tipos de especies vegetales y animales, como los últimos osos pardos de Japón.



El monte Asahi Dake, al fondo, cubierto por la nieve. Es el atributo más característico del parque, así como sus fumarolas sulfurosas. Todas las fotos de esta entrada son obra maravillosa de Michael Yamashita, fotógrafo de la revista National Geographic y que las publicó en el reportaje de Daisetsuzan en octubre del año 2008.

Desde el año 1934, el parque fue fundado para proteger la riqueza medioambiental que poseía Japón, que tras años de apogeo industrial, peligraba a quedarse sin ella. Ya Kenneth White, el viajero poeta inglés, o Matsuo Basho, la principal figura de la lírica japonesa del siglo XVIII, admiraron su belleza, y es que en estos 2300 km cuadrados uno puede encontrarse con un sinfín de paisajes: desde bosque de abedules centenarios, que recuerdan a las historias fantasmales y muy oscuras propias del folclore japonés, hasta humedales extensos, cuya combinación de rocas porosas y no crean en las estaciones más lluviosas un complejo jardín japonés a gran escala, teñido de los más bellos rojos, azules y grises que uno pueda observar.






Los bosques de abedules nevados (arriba) y los lagos, ciénagas y bosques bajos (abajo, una ciénaga de Daisetsuzan) conviven en perfecta armonía en el parque japonés.


Pero si hay que señalar un auténtico prodigio natural, aquello que sea “Daisetsuzan” en sí mismo, señalaría sin dudar dos veces el monte Asahi Dake, una de las montañas más altas del archipiélago japonés. En invierno muestra sus fumarolas, las cuales despiden toda clase de gases de colores y densidades distintas que se combinan a la perfección con la nieve, tanto en el sentido estético como en el químico. Esta belleza está a escasos metros del prodigio natural del que hablamos antes, la cascada del Velo del Ángel, que nace gracias al derretimiento de la nieve de los glaciares que se encuentran en la cordillera del Asahi Dake, y crea un caprichoso juego de arcos naturales, que al incidir la luz, crean un amplio espectro de colores y formas, dando un efecto de arquitectura de cristal, pero que a la vez se mueve y genera todo tipo de ruidos, teniendo como fondo toda una gama completa de colores verdes, grises y rojizos de los arboles que crecen alrededor suyo. Podemos ver como esta estructura natural, construida con materiales cien por cien naturales, y sin que agreda ningún ecosistema, sino que actúa como tal. Este es uno de los prodigios de la química y la física dadas en un sistema como es el que nuestra tierra, y razón por la que se debería de reflexionar nuestra relación con ella.



La cascada del Velo del Ángel durante el derretimiento de los glaciares en primavera.

Un titán con ropas de granjero. Harvest Moon.



Fotografía del todopoderoso Neil Young en concierto.

En esta serie de artículos en los que hablo de discos que merecen, a mi parecer, la pena escuchar, no podía faltar este gran clásico, hecho durante una de las etapas más productivas del gran Neil Young, al cual se le tiene soberbia admiración en este blog.

Junto a “Everybody knows is nowhere”, al cual también le dedicaremos unas palabras, este disco muestra el soberbio manejo de la guitarra, piano y armónica que Young adquirió con el paso del tiempo, y le ha hecho llegar hasta el privilegiado lugar en donde está hoy. Aquí hay temas como “From Hank to Hendrix”, “Unknown Legend”, “Such a woman” o “You and me”, por no olvidarnos de los grandes como “Harvest Moon” o “Natural Beauty”, de los cuales se ha de hablar con detenimiento.



Portada de Harvest Moon.

“Harvest Moon” es todo un guiño al panorama popular norteamericano, con sonidos muy semejantes al country intelectual de John Denver o Johnny Cash y unos coros geniales, no tan buenos como “One of these days”, que es un perfecto argumento para apoyar las zonas campesinas a menor escala de los Estados Unidos, además de que en toda esta pieza, Neil consigue unas simetrías poco comunes en él, pero que la hacen auténtica, sin contar que Young enfoca de una manera bastante elegante el amor sin caer en lo embarazoso. Además su solo de armónica es algo fantástico, llegando a un sonido tan limpio y depurado que nada tiene que envidiar a los complejos instrumentos de viento, haciendo que nos reconsideremos la posición de esta en la música, casi siempre despreciada y pensada como mero acompañamiento. La guitarra también suena distinta, en todo el disco lo hace, ya que tiene un sonido muy limpio y preciso.

Esta limpieza es más que presentable en “Natural Beauty”, última pieza del disco, y la más larga. Proviene de un vivo, y aparte de la genial letra, el sonido de guitarra se asemeja bastante a sus primeras versiones de “Cowgirl in the sand”, pero ahora armonizada por la armónica y los coros, mucho más meditados que en “Everybody knows is nowhere”, y con un tinte distinto a muchas cosas de la época, siendo el sonido muy honesto. Aquí se hace presente aquella idea que sugerí hará un tiempo de “música tridimensional”; con la guitarra, las voces y la armónica, Neil crea todo un paisaje musical tridimensional, que con variaciones de ritmos y de escalas, pero conservando la simetría y la estructura de la pieza, somos capaces de movernos por él, a la vez que este se mueve con una velocidad relativa. Es como los problemas de velocidad relativa de Poincaré con su bonita solución geométrica (Yo hago los problemas de física con Young de fondo y me va muy bien). Y también es todo un canto de apoyo a esa belleza sin plásticos, ilusiones o engaños, la que posee el campo y la gente que lo trabaja, tal como le pasó a Van Gogh cuando estuvo en Arles. Esas imágenes del niño nacido en una habitación clara y las noches de verano son algo maravillosas, en especial como Neil las trata, siempre con una fuerte carga espacial, dejándonos que nos movamos libremente en ellas mientras ellas se mueven con un ritmo precioso. Nunca estaremos en paz con él por habernos dado una música tan buena.

El escultor de lo grandiosamente... pequeño. Alberto Giacometti

A menudo se piensa en Miguel Ángel como esencia de lo escultura, como lo máximo que puede dar el hombre dentro del modelaje. En obras como “La Piedad”, “David” o sus mausoleos, pero no es solo ahí, en su grandioso y titánico trabajo, donde la escultura deja de ser una disciplina más y se convierte en un medio para entender. También llega a lo supremo en las manos de Giacometti.




Fotografía de Alberto Giacometti con sus diminutos modelos de yeso. “A veces eran tan pequeños que de un solo plumazo se deshacían” mencionaba a Pierre Matisse en una carta.

Ya me habéis oído hablar de él en más de una ocasión. Conocéis mi magnetismo hacía él de sobra, pero es que su trabajo se aleja mucho de caer en la escultura convencional, y se adentra en un campo nuevo, compartido por la ciencia y la filosofía, que es el saber, la capacidad de saber y de crear las herramientas para ello. Así pues, poniendo a prueba la elasticidad conceptual del vacío y lo lleno, correspondiéndose con el más absoluto ser y no ser, el escultor italiano fue, comenzando desde una escultura puramente realista, hasta una obra honesta, que sin caer en la trampa del ilusionismo mecanicista, como Calder (los móviles de Giacometti se caracterizan justamente por su falta de dinamismo; parecen que, como un péndulo, cuelgan sin que actúe sobre ellos nada más que el equilibrio generado por el peso y la tensión de la cuerda, permaneciendo en un estado de inmutabilidad) y sin un abigarramiento de los elementos escultóricos , llegando a un punto en donde ya no podía ver “más que el conjunto de una obra en su totalidad, ya que el detalle lo extraviaba de su camino”, dicho en palabras del propio autor. La obsesión por Giacometti de “ver” en su conjunto, el deseo de poseer el control absoluto de la obra (entiéndaseme aquí como que la obra expresara lo que el autor quería desde el principio. Hablo desde un punto de vista conceptual, no técnico ni ontológico. Giacometti siempre estaba dispuesto a fusionar en sus estatuas los sentimientos que su mente le otorgaba en el momento de trabajar, y que ya llevaba acumulados desde antes.) El autor vio que la proximidad con lo real, con lo que se denomina “verdad” y no “verdadero”, cosas que no siempre tiene que ver, como bien señalarían Poincaré y Heidegger, y esto le llevo a trabajar con formatos muy pequeños, estilizando las figuras y trabajando casi con elementos lineales.



“Le palais a quatre heures du matin”

Ya he citado más de una vez mi obsesión por esa escultura de Giacometti que representaría este rito de paso, “Le palais a quatre heures du matin”; esta obra es grandiosa porque su formato reducido y el uso casi mínimo de elementos formales (un par de elementos de madera tallada y unas varillas) son capaces de sostener una compleja red intelectual, donde lo más profundo de su psicología se sustenta y da un efecto de equilibrio, temor y misterio, combinado con la belleza de las rectas que pertenecen a planos no coplanarios que generan intersecciones no paralelas, siguiendo con el argot de la geometría lineal.
El “palacio” resulta interesante si se tiene una idea de lo que llegaría a hacer después, ya sumergido en la creación de esas figuras donde el movimiento ha quedado congelado y la quietud y la paz son algo muy relativo, ya que todo tiene un aspecto asfixiante, producto de la tensión entre ángulos y paralelas que es propia de la geometría.



“La place (II)”

Pesemos en una obra de formato muy reducido, “La place (II)” que apenas tiene unos 20 centímetros de base y las figuras rondan los siete centímetros de altura. Esta obra es fantástica, ya que en un espacio muy reducido, con unos elementos compositivos mínimos (ya ni por el color se preocupa) y con una distribución de estos armoniosa, hace que la posibilidad de ver estos elementos en conjunto nos aporte un entendimiento distinto de lo que normalmente entendemos como obra. Además, sin que la perspectiva ni la posición relativa a las estatuas, podemos percibir como la geometría de Giacometti (las intersecciones de las figuras, las paralelas de los brazos y los torsos de sus figuras y los ángulos casi imposibles de alcanzar en la realidad) es fantásticamente sencilla de construir, mas complejísima de pensar y aun más de plantear.

Cuando veo el trabajo de Giacometti a pequeña escala, me viene a la mente una frase de Ernest Rutherford, el gran físico que demostró que los electrones de un átomo existen, y no se encuentran adheridos al núcleo, sino que se mueven alrededor de él, que hay gente que dice que Giacometti tenía apuntado en uno de sus cuadernos de bocetos y apuntes, y es la siguiente: “Todo misterio de la naturaleza y las propiedades que posee, se descubren a pequeña escala.”