lunes, 4 de enero de 2010

Belleza y simetría natural. Daisetsuzan.

Cuando hablamos en este blog de belleza, siempre hemos hablado de la matemática, y casi siempre la hemos relacionado con aspectos artificiales de la realidad. El arte, las máquinas, etc. Salvo con Smalley no hemos hablado de una belleza simétrica, ordenada, y de bellos colores que no haya sido creada por la mano del hombre. El otro día, observando un número pasado ya hará un año de la revista National Geographic, vi un reportaje sobre el parque japonés de Daisetsuzan, situado en el corazón primigenio de Hokkaido, este parque cuenta con más de 2300 kilómetros cuadrados en donde podemos encontrar todo tipos de especies vegetales y animales, como los últimos osos pardos de Japón.



El monte Asahi Dake, al fondo, cubierto por la nieve. Es el atributo más característico del parque, así como sus fumarolas sulfurosas. Todas las fotos de esta entrada son obra maravillosa de Michael Yamashita, fotógrafo de la revista National Geographic y que las publicó en el reportaje de Daisetsuzan en octubre del año 2008.

Desde el año 1934, el parque fue fundado para proteger la riqueza medioambiental que poseía Japón, que tras años de apogeo industrial, peligraba a quedarse sin ella. Ya Kenneth White, el viajero poeta inglés, o Matsuo Basho, la principal figura de la lírica japonesa del siglo XVIII, admiraron su belleza, y es que en estos 2300 km cuadrados uno puede encontrarse con un sinfín de paisajes: desde bosque de abedules centenarios, que recuerdan a las historias fantasmales y muy oscuras propias del folclore japonés, hasta humedales extensos, cuya combinación de rocas porosas y no crean en las estaciones más lluviosas un complejo jardín japonés a gran escala, teñido de los más bellos rojos, azules y grises que uno pueda observar.






Los bosques de abedules nevados (arriba) y los lagos, ciénagas y bosques bajos (abajo, una ciénaga de Daisetsuzan) conviven en perfecta armonía en el parque japonés.


Pero si hay que señalar un auténtico prodigio natural, aquello que sea “Daisetsuzan” en sí mismo, señalaría sin dudar dos veces el monte Asahi Dake, una de las montañas más altas del archipiélago japonés. En invierno muestra sus fumarolas, las cuales despiden toda clase de gases de colores y densidades distintas que se combinan a la perfección con la nieve, tanto en el sentido estético como en el químico. Esta belleza está a escasos metros del prodigio natural del que hablamos antes, la cascada del Velo del Ángel, que nace gracias al derretimiento de la nieve de los glaciares que se encuentran en la cordillera del Asahi Dake, y crea un caprichoso juego de arcos naturales, que al incidir la luz, crean un amplio espectro de colores y formas, dando un efecto de arquitectura de cristal, pero que a la vez se mueve y genera todo tipo de ruidos, teniendo como fondo toda una gama completa de colores verdes, grises y rojizos de los arboles que crecen alrededor suyo. Podemos ver como esta estructura natural, construida con materiales cien por cien naturales, y sin que agreda ningún ecosistema, sino que actúa como tal. Este es uno de los prodigios de la química y la física dadas en un sistema como es el que nuestra tierra, y razón por la que se debería de reflexionar nuestra relación con ella.



La cascada del Velo del Ángel durante el derretimiento de los glaciares en primavera.

2 comentarios:

Daisetsuzan dijo...

Very informative post. The Daisetsuzan mountains are a must watch when visiting Daisetsuzan National Park. Ishikari Tokachi mountains are the most beautiful. There are number of animals found here like Hokkaido deer, Hokkaido fox, Ezo sable etc.

Alejandro Maiza Catalán dijo...

Thanks for your words. Daistsuzan are great.