lunes, 4 de enero de 2010

“Las leyes físicas deben tener la simplicidad y la belleza de las matemáticas.” Paul Dirac y reflexiones sobre matemática, arte y ética.

Cuando fue invitado a dar una conferencia de filosofía de la física, el físico relativista solo se puso en pie y escribió la frase con la que abríamos esta entrada en la pizarra del entarimado. Algo que parece una tontería, un sinsentido propio de un excéntrico que no sabe de lo que hablar y decide irse después de hacer una payasada. Nada de eso. Dirac fue un gran físico, sus contribuciones a la mecánica cuántica fueron más que destacables, y de las cuales vamos a hablar, así como de un poco de este titán de las matemáticas y de las ciencias positivas.

Paul Adrien Maurice Dirac, Paul Dirac para quienes somos sus amigos (mentira, era solo broma; me hubiese encantado conocerlo, de verdad.) fue un físico inglés, de orígenes suizos, famoso por sus contribuciones a la física cuántica y a la aplicación de sistemas matemáticas para el estudio de movimientos de partículas subatómicas. Ya con su doctorado, Dirac consiguió unir el trabajo de los dos grandes físicos de la mecánica cuántica, Werner Heisemberg y Erwin Schrödinger, en un solo modelo matemático, que como buen algebrista que era, que asocia cantidades medibles con los operadores de un espacio vectorial de Hilbert y describe las propiedades físicas del sistema.




Fotografía de un joven Paul Dirac.

La otra joya aportada por Dirac al mundo de la física de partículas viene dada en su “ecuación de Dirac”. Esta ecuación, cristalizada tras un largo trabajo sobre los espines no relativistas de Pauli (movimientos que realizan los pares de electrones de un determinado átomo), el gran Paul consiguió obtener la ecuación relativista de un electrón, permitiéndonos comprender la dinámica de este ya en esferas de conocimiento superiores. Con este trabajo Dirac pudo predecir la antipartícula del electrón, el positrón, y abrir una dimensión totalmente desconocida en el mundo de la física cuántica, tan complejo y hermosos que aun hoy es totalmente imposible para una sola persona entenderlo del todo.

Todos estos y trabajos dieron jugosos resultados y aun más recompensas; Dirac publicó en el año 1930 su “Principio de la mecánica cuántica”, un libro maravilloso, delicado y altamente instructivo. Algunos consideran que el libro fue dictado por un ser supremo y Dirac lo hizo claro de lo correcto que es. A partir de aquí le fue concedida la Cátedra Lucasiana de matemáticas de la Universidad de Cambridge, así como el premio Nobel en el año 1933 por su contribución al desarrollo de nuevas aplicaciones de la física atómica destinada para otros fines (lástima que algunos muy desastrosos, pero otros bastante importantes y dignos de ser recordados, como la fabricación de instrumentos de investigación con escalas muy reducidas) y que compartió orgullosamente con Schrödinger. El carácter modesto de Dirac ha sido más de una vez reseñado, y no solo con Schrödinger, sino también con Fermi o Heisemberg. A todos ellos les ha incluido en el nombre de sus ecuaciones y en el reconocimiento de haber llegado tan lejos. También le fue concedida una tumba junto a uno de los titanes de la Física, Isaac Newton, del cual ya sabéis que tengo una especial admiración por su trabajo y su estilo matemático.

El trabajo de Dirac, aparte de ser útil para otros campos de investigación, es muy sutil e interesante para aquellos que queremos que nuestras peripecias geométricas y algebraicas en el campo del dibujo y la acuarela lleguen a algo estable y se nos criticas por ello, diciendo que somos insuficientes en nuestros planteamientos. Cuando leí la frase, la única y lo única que dijo en todo el congreso de filosofía de la ciencia en la U.R.S.S se me ocurrió modificarla un poco e instaurar un nuevo axioma para el arte experimental:

“Toda obra de arte debe de tener la simplicidad y belleza de las matemáticas.”

Y dada la intemporalidad de las matemáticas y de los razonamientos claros como este podemos construir el siguiente axioma ético:

“La vida misma debe tener la simplicidad y la belleza de las matemáticas.”

Aunque con los tiempos que corren esto es algo difícil.

Su pasión fue siempre las matemáticas, era algo que Dirac admiraba (tan pronto como se licenció en ingeniería, se matriculo en matemáticas en la universidad de Bristol) y sabía que era lo que permitía en todo y a todos pensar las cosas de una manera clara, así como profunda. Todo artista que se mueva en pos de la belleza debería entender estas sabias palabras de Dirac. Así pues, si estas encuentras resonancias en la física, ¿Por qué no hacemos que las encuentre en el arte? Si creamos un arte geométrico que se ocupe del espacio, las relaciones tiempo-forma-espacio, podríamos llegar a una disciplina con el mismo rigor que las matemáticas, y por lo tanto igual de bella y honesta.



Dirac ante la pizarra con un esquema del movimiento del electrón en los átomos de hidrógeno.

1 comentario:

jose maria sasieta dijo...

Por fin he tomado tiempo para gozar con tus recientes publicaciones. Comparto plenamente las ideas de Direc sobre las leyes físicas. Además el número de leyes físicas debe ser el mínimo posible. Pocas y sencillas. Sus expresiones serían la máxima obra artística.Sobre la vida, es tan distinta la de unos y otros...Enhorabuena.