martes, 2 de marzo de 2010

En vez de números, carne y verduras, pero el mismo espíritu. Jamie oliver

Por Alejandro Maiza Catalán

Aunque parezca una excentricidad hablar de un personaje de la televisión y de los medios de comunicación, que no tiene ninguna obra artística y no es un buen matemático; puede que ni siquiera le interesen de las matemáticas, tengo que hablar de Jamie Oliver, el cocinero y escritor inglés por dos razones: la primera es que me encanta cocinar, y en sus programas uno encuentra técnicas para elaborar complejos platos en muy poco tiempo y de una manera sencilla, la otra es que su manera de trabajar me es muy elegante y podemos aplicarla a otros campos.



Fotografía de Jamie Oliver.

Jamie Oliver posee un programa de televisión, conocido como “En casa de Jamie Oliver”, en donde cocinaba en su casa de campo y explicaba algunas propiedades de distintos tipos de plantas, carnes, pescados y especias, y como han de cocinarse cada uno, con datos precisos; muy pocas veces se le ve dudar sobre una temperatura determinada o una cantidad de sal, ya que sabe que combinación es siempre la más adecuada.







Jamie Oliver delante de los fogones (arriba) y su libro de rectas “La escuela de cocina de Jamie Oliver” (abajo); por experiencia propia, os recomendaría leerlo; se aleja mucho de un libro tradicional de recetas, como el que no falta en las cocinas de nuestras abuelas, y podemos encontrar historias, fotografías con la familia de Jamie, recetas de amigos suyos, etc.

Y es que no hay nada más cercano a los primeros intentos de química que la cocina, donde se producen reacciones y síntesis complejas cuyos resultados no solo podemos “estudiar” sino también “sentir”, por lo que resulta muy atractiva y curiosa, además de más entretenida; me acuerdo una vez que nos llevaron a mi clase y a mí a una feria científica en la Universidad de Oviedo, y un estudiante de química de al menos de tercero de grado, un poco desagradable, nos mostró cómo reaccionaba un ácido como el limón con sal y glucosa. Yo veía eso desde el punto de vista matemático, es decir: “Vale, pero por qué no escribes en un papel las ecuaciones y los operadores usados y así te ahorras el número aquí montado”. Pero no lo hizo (ese día no estaba por la labor de nada), y luego me vino a la cabeza: “Con ese limón, el azúcar y una masa, aprovechando el horno que tiene la del otro puesto, hago un bizcocho que se emplea mucho mejor los materiales, y veo como el principio de Lavoisier es aplicable según el color de la tostadura de la superficie (si los ingredientes están proporcionados, no ha de aparecer manchas de otro color sobre la tostadura. El principio de Lavoisier lo sostiene ya que dice los siguiente: “Las cantidades de productos que intervienen en una reacción ha de ser la misma y de los mismos en los resultantes. Ya sabéis un truco para saber si os habéis pasado con algún ingrediente en el bizcocho) y no hay, que además luego vas tú y lo tiras por el desagüe, indecente”. Cuando Jamie Oliver cocina, se ve el cuidado a la hora de seleccionar la cantidad de elementos y sus correctas proporciones, ya que esta en estas proporciones el ochenta por ciento de las características del estado final. Parece más que un cocinero un auténtico matemático, o un químico de verdad, de esos que ya sabiendo cómo actúan los componentes con los que trabaja, busca darles la mayor utilidad posible y el mejor uso que tienen. Y es que es ahí donde reside toda la esencia de los resultados interesantes; saber con qué que se trabaja, tener una conciencia total de los materiales y técnicas.

Pero no puedo dejaros con las ganas de verlo en acción, luego os paso lo siguiente, ya que vuestra opinión me interesa:
http://www.youtube.com/watch?v=PXyRbbqP10U
http://www.youtube.com/watch?v=5hQzg2FGpVU&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=7tdoS-91G60&feature=related